
Aunque León Larregui había declarado que su participación en el Vive Latino sería la única presentación de Zoé en 2025, y que después regresarían con nueva música, la banda volvió a sorprender. Lo que parecía un adiós momentáneo se transformó en un suceso histórico: cinco fechas consecutivas en el Estadio GNP Seguros, con boletos agotados desde semanas antes. Y nosotros fuimos testigos de la primera de esas noches.
Zoé es, sin lugar a dudas, una de las agrupaciones más trascendentes del rock alternativo en México. Durante más de dos décadas han sido faro, inspiración y espejo emocional para generaciones completas. Su música no solo se escucha, se habita. Sus canciones han acompañado historias de amor, de liberación, de tristeza y euforia; siempre con un halo poético que mezcla lo cósmico con lo terrenal.
Siempre me ha fascinado la forma en que León Larregui transforma, escribe y detalla emociones, capaz de hacer llorar, sanar y elevar a cualquiera con una sola estrofa.
La gran incógnita de la noche era clara: ¿cómo sería este regreso tan esperado? ¿Habría playback, como algunos especulan? ¿O viviríamos la autenticidad cruda de Zoé sobre el escenario?
La velada comenzó con un telón de lujo: Hello Seahorse!, con Denise Gutiérrez a la cabeza. El indie en español se hizo presente con toda su fuerza, al igual que la lluvia. Pero era tan liberador cantar con fuerza esas canciones llenas de energía, que no lo sentimos pesado.
Sin embargo, como si el universo también quisiera celebrar, justo antes de que Zoé apareciera en escena, la tormenta se disipó por completo, dejando el cielo despejado para lo que vendría.
Casi a las 10 de la noche, las pantallas se encendieron en un destello rosa. El «Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea», aquel álbum lanzado en 2006 y que hoy es considerado una joya del rock alternativo, sería el hilo conductor de la noche. Los visuales galácticos, las imágenes cargadas de psicodelia y la voz de Larregui crearon una atmósfera fuera de este mundo.
Las primeras notas de “Vinyl”, “Vía Láctea” y “No me destruyas” hicieron vibrar al público. León, en un gesto sincero, agradeció no solo la oportunidad de estar ahí, sino también que la lluvia hubiera cedido. El viaje apenas comenzaba.
Un momento especialmente emotivo fue cuando las pantallas mostraron un collage de videos inéditos de los primeros años de la banda: grabaciones de estudio, rostros jóvenes, sueños que hoy son legado. La nostalgia llenó cada rincón del estadio y nos recordó por qué Zoé no es solo una banda, sino parte de nuestra memoria colectiva.
Las dudas sobre el playback quedaron disipadas rápidamente. La voz de León, a ratos arrastrada y en otras con cambios inesperados en las letras, era prueba de que lo que escuchábamos era real, vivo.
Larregui se movía con libertad, bailaba, improvisaba, se entregaba al público tanto como nosotros en ese momento.
El instante más conmovedor de la noche llegó con un mensaje político: en las pantallas apareció la frase “Palestina Libre”, acompañada de su bandera, justo antes de interpretar “Paz”, un canto de esperanza que el público coreó con el corazón en la mano.
Después, los clásicos continuaron con fuerza. “No hay mal que dure” y “SKR” elevaron la energía, mientras que “Arrullo de estrellas” se transformó en un momento místico: un estadio iluminado por miles de luces, cantando al unísono bajo un cielo que, ahora sí, parecía cómplice de la noche. Fue como si las estrellas hubieran bajado a escucharnos.
El cierre no pudo ser más poderoso. Con “Rexsexes» y “Campo de fuerza”, dos de sus lanzamientos más recientes, y un encore donde Denise se suma a cantar Luna y terminamos con «Dead» demostró que su presente es tan vibrante como su pasado. El público los recibió con entusiasmo, confirmando que la banda sigue evolucionando sin perder la esencia que los hizo eternos.
La primera de cinco noches quedó marcada como un ritual cósmico, un viaje entre recuerdos, sueños y universos paralelos. Zoé no solo regresó, sino que reafirmó su lugar como una de las bandas más grandes de México, con un setlist compuesto por 27 canciones, que siendo sincera, creería que cambiaría fecha con fecha, pero aún nos quedan 3 shows más.
Porque al final, Zoé siempre ha sido eso: un mapa estelar en el que nos perdemos para encontrarnos de nuevo.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea commodo consequat. Duis aute irure dolor in reprehenderit in voluptate velit esse cillum dolore eu fugiat nulla pariatur. Excepteur sint occaecat cupidatat non proident, sunt in culpa qui officia deserunt mollit anim id est laborum.