Wolf Alice en CDMX: Érase una vez, entre gritos y distorsión

Por primera vez en México, ofreciendo un show íntimo cargado de intensidad, nostalgia y poder emocional. Entre luces cálidas e intensas y un público brutalmente entregado, la banda británica tejió una noche de contrastes: entre la furia del grunge y la suavidad etérea de sus baladas, entre gritos colectivos y momentos de pura catarsis.

Seducción con frialdad

En punto de las 20:00 hrs, el Foro Indie Rocks se convirtió en la sede de una esperada primera vez: Wolf Alice en México. La banda británica abrió esta memorable noche con “Formidable Cool”, marcando el inicio de un viaje donde la frialdad elegante se transformó en pura intensidad. Solo bastó su presencia en el escenario para elevar la euforia entre todos los asistentes.

Le siguió “Smile”, canción con la que la cordura del público se esfumó por completo. Quienes esperaron con ansias su llegada a tierras mexicanas explotaron de energía, coreando y cantando cada nota, cada palabra, sin permitir que la emoción descendiera ni un segundo.

Sí, perteneces aquí

Con las emociones a flor de piel, llegaron canciones como “Delicious Things” y “How Can I Make It OK?”— una montaña rusa emocional que solo Wolf Alice sabe construir. En ese punto del viaje, nadie sabía en qué parte estábamos: si subiendo, cayendo o flotando… y, sinceramente, a nadie le importaba.

Poco después, “Bloom Baby Bloom” vio la luz, con el ritmo marcado por los aplausos de la banda y el público. Coreada con fuerza —y acompañada de flores que oscilaban entre las luces—, la canción elevó aún más la euforia colectiva. Ellie Rowsell dejó claro que Wolf Alice está de vuelta y con más fuerza que nunca: su voz, melodiosa y poderosa, alcanza notas con una naturalidad que hipnotiza, haciendo que esta versión supere incluso a la de estudio.

Un capítulo a rompegritos

La atmósfera de ensueño se transformó en una colosal descarga de energía con “Yuk Foo”, seguida por “Play the Greatest Hits”. Juntas, marcaron uno de los momentos más explosivos de la noche, donde Wolf Alice desató uno de sus extremos más intensos: la furia. Con una interpretación brutal, Ellie volvió a demostrar su versatilidad absoluta: se arrojó una botella de agua en la cabeza como si intentara sofocar el incendio interno y terminó gritando en el suelo, con una entrega visceral que estremeció al público, que le respondió en la misma frecuencia.

Más adelante, “Silk”, “Lipstick On The Glass” y “Moaning Lisa Smile” también formaron parte de esta experiencia inolvidable. Cada una fue interpretada con una fuerza y sensibilidad únicas, reafirmando el magnetismo escénico de la banda.

El rugido más dulce del set

Así fue como llegó “The Last Man On Earth” fue el instante suspendido en el aire, una confesión a completa voz que envolvió al Foro en una especie de hechizo lúcido. Una canción que no se cantó hacia afuera, sino hacia adentro. Una caricia triste en medio del ruido, que no busca respuestas, simplementeacompañarte mientras sientes.

En contraste, “Giant Peach” explotó con la peculiar e inconfundible forma de animar del público mexicano y brincos del público que encajaban a la perfección con el momento. Fue una de las intros más violentas y enérgicas del set, coronada con fragmentos de riffs de “Seven Nation Army” de The White Stripes y “IronMan” de Black Sabbath. En ese instante, Wolf Alice no solo actuó: se transformó en leyenda del rock en vivo.

El último susurro fue de Wolf Alice

Tras un intenso set, y como cierre con broche de oro, finalmente floreció aquella canción de amor e inseguridad: “Don’t Delete the Kisses”. Basta decir que, desde el primer momento, el Foro se transformó en un espacio indescriptible, donde cada coro y cada letra de esta canción fueron acompañados sin excepción por el público. Sin duda, fue el instante en que lágrimas y corazones se expusieron por completo: un cierre digno para una noche inolvidable.

Escucharlos en vivo se siente como adentrarse en un cuento de hadas moderno: uno donde el ruido es magia, la voz de Ellie es hechizo y cada canción, un portal a lo irreal.
Y, como en todo buen cuento, hubo un clímax y una despedida que dolió un poco. Pero esta historia, escrita entre luces, aullidos y susurros, no terminó con un “fin”, sino con posibles fechas para 2026 en el horizonte…y con un eco que sigue latiendo en quienes estuvieron ahí. Porque lo que se vivió esa noche no fue solo un concierto… fue magia real.

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Escucha Wolf Alice:

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