
La noche del pasado jueves 30 de octubre la banda rusa de post-punk, Motorama, hizo una visita a la ciudad de Guadalajara, con un concierto en el C4 Concert House. El espectáculo fue electrizante, exorbitante y exuberante como cada vez que vienen por la ciudad, y sus fans fueron entregados, emocionados y dedicados, como cada vez que los van a ver en la ciudad. Un set de 1 hora con 45 minutos, perfecto, con un set de más de 25 canciones, increíble, después de una fecha en Monterrey un par de días antes, y con dos fechas consecutivas en el Festival Hipnosis en Ciudad de México, una el sábado 1ero de noviembre como su proyecto Utro, y otra el domingo 2 de noviembre, como Motorama.
La banda rusa, Motorama, visitó la ciudad de Guadalajara como parte de una reducida gira por México y Latinoamérica, con tres fechas en el país, una extra como su proyecto Utro, y otras cuatro en el resto de la región. Como en cada una de las ocasiones que tenemos a la banda en la ciudad, dieron un concierto magníficamente excepcional, que recordó porqué la banda se ha colocado como una de las bandas de culto favoritas para el público tapatío, y que logró complacer desde los fans acérrimos de hace 20 años de la era MySpace, hasta para los nuevos fans y para los atrevidos que se animan a darle una oportunidad a una banda nueva para ellos.
Ir a ver a Motorama en vivo es, en este momento, casi una tradición que se repite cada par de años, con sus constantes y bien logradas visitas al país y a la ciudad, en lo que parece ser un inmenso encanto de la banda por la tierra del maíz y por sus fans apasionados, que los reciben con brazos abiertos cada vez que tienen la oportunidad.
Y es que, si bien en México somos ávidos del post-punk y de la música sí melancólica, pero sombría, y bailable, pero también empalagosa, Motorama hace que ser su fan y disfrutar sus conciertos sea una labor extremadamente fácil, no sólo por el tipo particular de música que tocan y por lo buenas que son sus canciones, sino por la calidad en su ejecución en vivo y por la forma tan estoica, pulcra y magnánima en que ocupan los escenarios, sin importar lo mínima que suele ser su producción en vivo.
La cita de esta noche fue en el C4 Concert House, localizado en Av. Patria y Volcán Cofre de Perote, con puertas a las 20 horas y banda a las 21:30 horas. Nosotros llegamos a las 8:30 pm, para tener un tanto de tiempo antes del evento y evitar los apuros, además de poder platicar con algunos de los asistentes y así tentar las aguas de lo que nos deparaba para el resto de la noche. Si bien llegamos una vez habían abierto las puertas, la afluencia de gente era tanta que se determinó hacer dos filas dependiendo del acceso, permitir primero el ingreso a los accesos VIP, y posteriormente, a las 9:00 pm, dar ingreso a los accesos generales. Una vez todos tuvieron ingreso, el ánimo no cesó.
La gente tomó sus lugares de forma rápida, las bocinas del lugar comenzaron a tocar música en espera de que saliera la banda, mientras que los vendedores de cerveza se hacían espacio entre los reducidos huevos de la audiencia. El C4 estaba bastante lleno, y los asistentes no dejaba de llegar en ningún instante, por lo que decidimos tomar ya un lugar donde pudiéramos ver bien, para pronto darnos cuenta que, un punto que siempre gusta de los espacios del grupo C3, incluyendo el C4, es que la vista es muy buena desde casi cualquier punto que se encuentre uno, al igual que el sonido. Nos quedamos clavados en lo que fueron nuestros lugares por todo el evento, y esperamos un par de minutos para que llegara la hora de que la banda saliera al escenario.
A las 9:30 pm exactas salen a escena con paso tranquilo, y se colocan en sus instrumentos con otra tanta de quietud. Frente a nosotros tenemos a tres músicos, uno en la batería, una en la guitarra, y otro más en guitarra, voz, platillos ocasionales, y en alguna vez sin guitarra incluso. Ver a Motorama en vivo es muchas cosas por sí mismo, pero algo certero es que siempre será una grata sorpresa ver cómo es la configuración en el escenario de la gira actual, siempre contando con el mismo baterista, Michail Nikylin, quien remplazó al baterista original, Roman Belenky, y llegó para quedarse, y Vladislav Parshin, vocalista y fundador de la banda. En esta ocasión, la acompañante en guitarras fue Irina Parshina, y un bajo y otros instrumentos sampleados o integrados de alguna otra forma con las mismas dos guitarras, pero en ocasiones pasadas ha habido más guitarras, y bajos, e incluso teclados y sintetizadores. De la forma en que sea que toque verlos en cada ocasión, la calidad del sonido y de la presentación siempre son de un muy alto nivel.
Se apagan las farolas del foro y se prenden las luces del escenario, que bailan durante todo el concierto en una forma muy característica, mezclando tonos cálidos y dorados con luces frías y sombrías, y que se mueven en un ritmo extremadamente rápido, a la par de la batería y de las guitarras. El baterista, durante cerca de dos horas, marca un ritmo con sus platillos y sus tambores que, desde la mera vista, es difícil de mantener, pero en su muy estoíca compostura, mantiene ambos brazos alzados y no pierde ningún sólo golpe. La guitarrista mantiene una compostura igualmente ejemplar durante todo el concierto, tocando ya sea la melodía, o el bajo, o el acompañamiento, pero lo que sea, de una forma impecable. Y el vocalista, Vlad, hace lo suyo, totalmente a su manera.
Sí, Vlad toca la guitarra, de una muy buena forma igualmente, haciendo también los bajos o la melodía o el acompañamiento, como sea que la canción lo requiera, y manteniendo siempre unas vocales limpias, que el altavoz hiciera parecer que te las están cantando directamente al oído, y que te retumban en el pecho por su barítono, pero luego deja su guitarra a un lado para robarle un platillo al baterista, y toma un juego de baquetas que tiene colocado en una mesita al lado de su posición, y lo golpea hasta que la base del platillo cede, o hasta que el platillo mismo se cae, para rejuntarlo y colocarlo en una baqueta mientras lo golpea con la otra, o si no, usa el cable de su micrófono para golpear los platillos, o para golpear el piso del escenario sobre el cual está parado, para después terminar la canción y volver a serenarse, agradecer en un tono bajo, casi inaudible, y tocar la siguiente canción con una quietud como si no lo acabáramos de ver arrastrándose en el piso. Simplemente maravilloso, él y todos, y todo.
El show continúa hasta las 23 horas, cuando salen del escenario para regresar al par de minutos, y tocar un encore de dos canciones. El público ha estado en un punto alto desde que comenzó el concierto, muy al estilo de Motorama, y no dejan de estarlo hasta el último segundo del concierto. Termina el evento, y de la misma forma estoica con que llegan y hacen todo lo que hacen sobre el escenario sin inmutarse, se van, y nosotros, la audiencia, también nos vamos, gustosos y encantados de ver a Motorama de nuevo, y esperando que sea pronto cuando lo volvamos a hacer.
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