
Hay discos que no buscan impresionar, sino conectar. Que no se sienten como un producto terminado, sino como una conversación abierta. “Scratch It”, el nuevo álbum de U.S. Girls, es exactamente eso, un disco que respira, que no pretende perfección, pero que se sostiene con una honestidad poderosa. Meg Remy no está tratando de sonar como nadie más, está tratando de sonar como ella misma, en este momento preciso de su vida.
La chispa de este álbum nació en una decisión instintiva, ya que, tras ser invitada a tocar en un festival en Hot Springs, Arkansas, Meg contactó a su amigo guitarrista Dillon Watson (D. Watusi, Savoy Motel, Jack Name) para que reuniera una banda local en Nashville. Lo que empezó como una colaboración de una sola vez terminó por encender una energía creativa tan poderosa que decidieron llevarla al estudio. Así nació Scratch It, grabado en solo diez días.
La llamada “banda de Nashville” está conformada por músicos de alto calibre: Dillon Watson en la guitarra; Jack Lawrence (The Dead Weather, The Raconteurs, Loretta Lynn) en el bajo, Domo Donoho en la batería, Jo Schornikow y Tina Norwood en los teclados y nada menos que el legendario armonicista Charlie McCoy (colaborador de Elvis, Bob Dylan y Roy Orbison). El disco fue grabado en vivo, directamente a cinta analógica de dos pulgadas, buscando una calidez y transparencia casi extintas en las producciones actuales.
El resultado es un álbum crudo, humano y profundamente cálido, donde cada instrumento suena con textura propia y cada línea vocal parece dicha, más que cantada. La intención no fue hacer un disco pulido, sino uno transparente. Uno que muestre las respiraciones, el error y la emoción como parte de lo mismo.
La instrumentación es orgánica, guitarras eléctricas que suenan a madera y cuerda, órganos Hammond y Rhodes que arrullan como un gospel lento, el bajo y batería se muestran al servicio de la canción, como si esto fuera poco, también encontramos una armónica que aparece como un personaje secundario que tiene una historia propia que contar. Cada músico aporta bajo una dirección colectiva, más que autoritaria. La banda base se convierte en una extensión emocional de las ideas de Meg.
Esta producción también representa un acto consciente de regresar a las raíces musicales de su país natal. Scratch It es el primer álbum que Meg graba en Estados Unidos desde 2010, y en él quiso rendir homenaje a la música tradicional estadounidense, country, gospel, soul, folk y garage rock. Al elegir un set instrumental clásico (batería, bajo, guitarra, órganos Hammond y Rhodes, y armónica), Remy explora la riqueza sonora de una América que, aunque muchas veces cuestionada, guarda una historia musical profunda y vibrante.
Una muestra clara de este espíritu se encuentra en “Firefly on the 4th of July”, una canción cargada de nostalgia americana. Con tintes de balada folk y una atmósfera casi cinematográfica, Meg pinta una escena veraniega estadounidense.
El primer sencillo que conocimos de este nuevo material fue “Bookends” y no llegó de forma discreta. Son doce minutos de duelo y memorias tejidas en una sola pieza. La canción es un homenaje a su amigo Riley Gale, vocalista de Power Trip, visto a través de pasajes del libro Eyewitness to History. Es una carta larga y escrita sin prisas, acompañada por una pieza cinematográfica dirigida por Caity Arthur.
Luego llegó “Like James Said”, que es como una luz encendida en medio de una habitación oscura. Aquí, Meg se atreve a bailar sola y nos invita a hacerlo también. El tema (escrito junto a su viejo colaborador Rich Morel) es una joya retro, suave y brillante como una canción de los 70s. Es un homenaje a la sanación del cuerpo a través del movimiento. La producción es ligera y fue acompañada por un encantador videoclip dirigido y protagonizado por el comediante Tom Henry.
En “No Fruit”, el sencillo más reciente y cierre del álbum, no hay una despedida tibia. Al contrario, nos muestra un funk sutil en donde la guitarra wah-wah de Dillon Watson subraya cada línea de Meg como si le respondiera.
Las letras de Scratch It son el corazón del disco. Ya no están cargadas de metáforas sociopolíticas como en entregas anteriores, sino que emergen desde el cuerpo, la maternidad, el trabajo interno y la imperfección humana. Meg escribe como quien ha estado en silencio por mucho tiempo y por fin quiere decir la verdad. Hay ternura, pero también ira. Es un disco que no nace desde el discurso, sino desde el cuerpo.
Tracklist – Scratch It
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