
El pasado 2 de septiembre, el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México se transformó en el epicentro de una explosión britpop que se sentía en el aire. Por primera vez en su carrera, Supergrass aterrizó en suelo mexicano, y lo hizo para una celebración monumental: el 30 aniversario de su debut, I Should Coco. A pesar de una tarde lluviosa que no logró apagar los ánimos, el público llenó el recinto, y la banda, visiblemente agradecida, no dudó en reconocer ese apoyo incondicional desde el escenario. La promesa era clara: el álbum completo y un puñado de éxitos que harían temblar los cimientos. La realidad, superó cualquier expectativa.
El pasado 2 de septiembre, el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México se transformó en el epicentro de una explosión britpop que se sentía en el aire. Por primera vez en su carrera, Supergrass aterrizó en suelo mexicano, y lo hizo para una celebración monumental: el 30 aniversario de su debut, I Should Coco. A pesar de una tarde lluviosa que no logró apagar los ánimos, el público llenó el recinto, y la banda, visiblemente agradecida, no dudó en reconocer ese apoyo incondicional desde el escenario. La promesa era clara: el álbum completo y un puñado de éxitos que harían temblar los cimientos. La realidad, superó cualquier expectativa.
Desde que los primeros acordes de «I’d Like to Know» irrumpieron, la energía en el Metropólitan fue sencillamente contagiosa. El carismático Gaz Coombes, guió a la banda a través de I Should Coco con una vitalidad arrolladora. Cada canción era una inyección de pura adrenalina, transportándonos de lleno a esa efervescente vibra de un verano de britpop de los 90. «Mansize Rooster», la euforia de «Alright» y, por supuesto, la irreverente «Caught by the Fuzz» –que, para aquellos que no lo saben, narra la detención adolescente de Coombes por posesión– fueron himnos coreados a pleno pulmón, haciendo vibrar cada rincón.
Pero la fiesta no se detuvo ahí, tras recorrer su álbum debut, Supergrass desató una avalancha de hits que recorrieron su brillante discografía. «Richard III» y la potente «Moving» nos recordaron la versatilidad de la banda, mientras que la emotiva «Grace» fue un momento de pura magia.
Y la noche estuvo llena de esos pequeños grandes momentos que hacen historia. La aparición sorpresa de Charly Coombes para «Sofa (of My Lethargy)» añadió un toque de dulce nostalgia. Hubo incluso un interludio inesperado: «Pumping on Your Stereo» tuvo que ser pausada brevemente, pero al retomarla, la explosión de energía fue aún mayor, un verdadero testimonio de la conexión entre la banda y su gente. Para cerrar con una sonrisa, la divertidísima versión de «(I’ve Had) The Time of My Life» de Dirty Dancing fue el broche de oro, desatando risas y una ovación ensordecedora.
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