
Se esperaba con ansias este show de la cantante chilena el cual se llevo a cabo el pasado 9 de mayo de 2026, desde entrada del venue (Cuerda Cultura) se palpaba esa energía que solo se siente cuando tu artista indie favorito va a tu ciudad. La fila cada vez se hacía más larga al igual que el tiempo de espera. Escuchar cantar a los asistentes las canciones desde el soundcheck solo me aumentaba la expectativa.
Se dieron las 9 pm y una sola morra con su guitarra sube al escenario para presentarse así misma; la telonera, una godín que renunció a su trabajo en 2020 para seguir su sueño en la música, admiradora de Rubio y contando que uno de sus sueños era abrirle, ahora mayo 2026 se cumplió. Entre sus canciones habló con el público, se abrió como si sólo estuviera con una decena de personas y no con 300. Su proyecto nace de las vivencias personales, desde el amor romántico y no. Definitivamente un proyecto al que hay que seguirle la pìsta.
A las 9:50 vemos una frase característica de Rubio: “Espero podamos ver a un ovni juntxs” y se ve a una figura subir al escenario, solo se escucha el vitoreo de los asistentes y comienzan la experiencia. La manera en la que Francisca evoca las letras de sus canciones es hipnótica, entre juegos de luces, humo y movimiento continuo, llega a ser una experiencia completamente envolvente. Escuchar al público cantar al unísono canciones que a palabras de varios, han esperado más de 8 años para verla fue una grata sorpresa.La primera parte del concierto escuchamos más de su nueva música, en la que ella es más cercana. Su guitarra, un sintetizador y una batería, un par de percusiones pequeñas pero nada más.
Todo cambió a partir de la mitad del setlist, a palabras de ella: “Todo a partir de aquí es cuesta arriba”. Escuchando una mayor experimentación de diferentes instrumentos; voces con distorsión más parecidos a mantras que a canciones, juegos de cámaras para los visuales en donde podemos ver cómo Rubio se deja llevar por la sensación del momento. Los asistentes pareciera que aceptan el cambio tan radical y toda esa gente que había llorado ahora estaba bailando al ritmo del sintetizador.
Con más de 1 hora de show, sin duda fue toda una experiencia energizante, donde Rubio nos muestra que el cambio es inherente y hay que abrazar cada una de las etapas de la vida, que crecer también se puede sentir bien. Solo nos queda esperar su regreso y poder ver un ovni juntxs.
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