
La noche del pasado martes 30 de septiembre la banda tapatía Nadie tuvo la presentación oficial de su primer álbum, “El Universo no Conspira”, con un íntimo showcase en el Bar Barba Negra, bar emblemático para la escena musical en la ciudad de Guadalajara, en el que pudieron conectar de forma muy especial con todos los invitados, además de transmitirnos de forma muy clara y muy potente la idea angular que da pie al proyecto, y que se repite de forma indirecta a lo largo de todo su primer disco: cómo es el llegar a tus tantos años de vida, para seguir siendo nadie.
La banda Nadie es conformada por los músicos Álvaro Avitia, en voz y guitarra, Diana Barragán, en Bajo, y Jose Luis Cuellar Cuevas, en baterías. Su disco, “El Universo no Conspira”, con fecha oficial de lanzamiento del 5 de junio de este año, cumple un año de estarse gestando justo en la fecha de este showcase, al ser el 30 de septiembre del año pasado cuando escriben su primera canción oficial y comienzan con todo este proyecto, haciendo que esta presentación sea únicamente más especial, y logrando hacer que nos sintamos en una verdadera fiesta. En una un mucho melancólica, un tanto lúgubre, pero sobre todo una muy reflexiva fiesta.
En realidad, no es sólo un decir que se sintió como si fuera una fiesta, sino que de cierta forma lo fue. Al llegar al evento, por ahí de las 6:30 de la tarde, comenzamos a encontrarnos con demás compañeros de la industria, desde amigos de otros medios de difusión, como amigos músicos y productores, y otra tanta de amigos nuevos, que hemos frecuentado en más de alguna ocasión en diferentes eventos, y que hemos compartido juntos ya sea o una cerveza, o un cigarro, o una simple plática, pero que siempre había sido en momentos de mucha celeridad, con la premura de lo que conlleva el estar en cubriendo un evento, de que tener que correr para ver la banda por la que ibas, o que te toque hacer stage para la banda que sigue, o porque surge algo que te obliga a seguir tomando registro fotográfico/nota del evento, y que al final sucede que todos estos encuentros, si bien inmensamente gratos, son siempre brevísimos.
En esta ocasión, al encontrarnos con todas esas caras conocidas, y con todas las demás caras por conocer, no hubo esa apuro de platicar con prontitud, sino que pudimos, con un respiro, compartir un muy buen momento, amenizarlo con unos cuantos tragos y algo para picar, y poder platicar con soltura, entre asistentes e invitados, e incluso con la banda misma, con un Álvaro que se daba una vuelta eterna entre cada una de las mesas, con una Diana que trataba a cada uno de sus invitados como si fueran conocidos de toda la vida, y con un José que, se dejaba ver, y luego no, y luego sí de vuelta, y que, pasadas un par de horas, pareciera que ellos mismos tuvieron que recordar que estábamos ahí por ellos. Se detiene casi en seco todo el barullo, se nos invita a todos los que estábamos en la terraza del bar a pasar a sentarnos, y la banda sube al escenario para regalarnos un muy bien ensayado y ejecutado showcase de 5 canciones, en el que dieron una verdadera prueba de lo bien que han armado este proyecto, y que sin duda sentó la semilla para llevarlos en adelante.
Pasamos de estar teniendo un muy cálido y muy cercano momento entre todos los invitados, a estar escuchando de forma muy solemne e íntima lo que fueron unas cuantas canciones que cargan con una tanta, tanta, tantísima de reflexiones melancólicas, sentimentales, y e incluso una mínima siniestras, mientras que la música que las acompaña va de un rock melódico muy ochentero, con bajos potentes y baterías electrónicas, que dan un ambiente que te lleva a un baile post-punk, con botas de cuero, y el último disco de Caifanes en la mochila. Te sentías muy cómodo, como si estuvieras en un lugar que ya conoces.
Entre canción y canción los integrantes mismos nos platicaban de cómo es que para ellos hacer estas canciones es tanto un ejercicio de pasarla bien y de disfrutar lo que hacen, como una forma de poder expresar lo que sienten al ser parte de la generación “x”, de haber pasado por tantas crisis y de haber roto tantos paradigmas generacionales, sólo para seguir en un constante e incesante pelearse con otro tanto de paradigmas de lo que deberían de estar haciendo o de lo que deberían haber conseguido ya en la vida. Como ya lo dijimos, música con letras muy cargadas. Y, al terminar la presentación, todos de vuelta a platicar entre nosotros y con la banda, bromeando por un lado y reflexionando por el otro, haciendo que el evento sólo se volviera aún más íntimo y personal.
Honestamente, una experiencia el evento por sí mismo, pero que no pudo haber sido de esta forma de no ser por lo muy particular y especial de esta banda, de la que esperamos estar escuchando muy pronto de nuevo, y que les deseamos el mejor de los éxitos, y que sigan haciendo lo que hacen.