
En esta entrevista, el grupo Pedro y el lobo comparten cómo se está formando su nueva etapa musical: desde las ideas que dieron vida hasta los cambios, decisiones y experimentación que están marcando su sonido actual. Una conversación que adelanta lo que viene para el proyecto y el rumbo que quieren construir.
Víctor: Para empezar, me gustaría que me contaran cómo sintieron ese show reciente con MissaSinfonia. No tuve la fortuna de ir, pero estuve spameando un poquito en redes y vi que les fue bastante bien.
Pedro y el Lobo: Una experiencia bastante interesante y chida. Primero que nada, porque como proyecto nuevo está padre estará tocando en recintos importantes, ¿no? Ya hemos tenido participación en el Lunario, Metropolitan, en el Pepsi Center… pero siempre habíamos tenido curiosidad por Blackberry. Fue muy interesante. Además, convivir con Missa es un chavo muy buena onda.
Lo más interesante es que normalmente, cuando estamos en estos recintos, tocamos para gente que ya conoce el proyecto o al menos el género. Pero en este caso, el público de Missa era completamente nuevo. Entonces fue una bala directa para conseguir gente nueva que escuche el proyecto.
Víctor: Ahora, este sábado viene un festival muy grande: House of Punk. ¿Qué podemos esperar del setlist, las colaboraciones…? Van varias amigas suyas también. ¿Qué se puede esperar?
Pedro y el Lobo: La verdad es que estamos muy emocionados. Ya hemos estado en un par de festivales con varias de estas bandas que te encuentras en todos lados. Algunas las conocemos muy bien.
Obviamente, si se puede, hay por ahí gente que nos ha dicho: “Sí, sí nos subimos”. A ver si concretamos. Aprovechamos que todas las bandas estamos ahí para echarnos la mano y subirnos a los shows de los demás.
Pueden esperar un show muy enérgico. En la rueda de prensa decían que éramos como los Jonas Brothers del festival, porque todos están acá rompiéndola, gritando, y nosotros más tranquis… pero creo que se va a poner muy chido allá en Texcoco.
Nos gusta mucho este formato de festival porque justo nos deja cotorrear y conocer a las demás bandas de la escena. Y ojalá la gente que vaya se la pase muy bien.
Víctor: Esto me lleva a la siguiente pregunta. Las bandas dos mileras que pavimentaron el camino —División, Panda, Delux, Allison…— estaban muy basadas en el “yo soy bien rockstar”. Luego el pop punk muere un poco… y de repente vienen ustedes, Blnko, San Beno, Seyoshan.
Hacen una comunidad nueva, más humana. Ya nadie es rockstar. Hacen bazares, conviven, hablan desde la vulnerabilidad. ¿Cómo fue esa transición de pasar del “soy rockstar” al “soy humano y conecto contigo”?
Pedro y el Lobo:Pues primero que nada, a nosotros no nos tocó esa situación. Nosotros no vivimos esa época; la vimos como nuestra realidad. Tenemos 31 años. Thermo, Allison, Delux… esas primeras bandas crecieron en una industria donde la disquera era muy importante. Había radio, televisión, giras de escuelas, de medios…
Hoy ya no existe eso. Cualquier persona puede subir música y decir “soy artista”, lo cual es bueno, pero también genera mucha competencia.
Entonces hoy la diferencia es darte a entender como artista, pero sin dejar de ser humano. Tienes problemas, situaciones… y creo que desde que empezamos el proyecto algo que nos apasiona es dar la cara, conocer a la gente que conecta con nuestra música.
Muchos de los proyectos que mencionas son nuestros amigos. Compartimos música, shootings, colaboraciones… Y no digo que la escena vieja no sea humana. Trabajamos mucho con Allison, yo toco ahí, Pablo y yo hemos producido. Son personas muy lindas. Solo tienen una visión distinta por el punto donde están.
Pero la ideología del rockstar ya no existe. Ni siquiera en las bandas de antes. El rock ya no es mainstream. Hoy lucha por un lugar entre tantos géneros nuevos. Y nosotros venimos de la cultura de las redes sociales. Eso hace que la comunicación musical sea totalmente distinta a como era antes.
Víctor: Y creo que algo que ha ayudado mucho a esta nueva escena es que todos colaboran con todos. Como el reggaetón mainstream, que vive de featuring. Ustedes colaboran con Blnko, Monde, Uxi, Seyoshan, Barney Gombo
Me encanta que, por ejemplo, en un show de Blnko pueden cantar “Cállate la Boca” aunque ustedes no estén, y ustedes también la tocan. Eso fortalece la escena. Yo sí creo que el rock está renaciendo gracias a eso.
Pedro y el Lobo:Completamente.
Víctor: Yo llegué a su música por TikTok, por las reversiones. Son divertidísimas y además funcionan como gancho para decir: “Si te gustó esto, también tenemos música propia”.
¿De quién fue la idea de hacer reversiones así, tan bien producidas y tan constantes?
Pedro y el Lobo:Fue el año pasado. En realidad, ya habíamos hecho un par de covers hace dos años, pero sin tanto propósito. Solo por hacerlos.
Pero el año pasado tuvimos un lapso en el que, por unos pedillos, no pudimos subir música porque estábamos cambiando de distribuidora. Dijimos: ¿qué hacemos? Si no podemos subir música, ¿cómo movemos todo?
Entonces pensamos: “Podemos hacer covers. Podemos agarrar TikTok y generar movimiento. Si no podemos lanzar rolitas en plataformas, mínimo movemos redes para no apagarnos”.
Nos comprometimos —lo cual no fue nada fácil— a sacar un cover a la semana. Cada lunes lo subíamos. Entre sugerencias de la gente y nuestras ideas, iban saliendo.
Fue un ejercicio difícil: calidad de audio, grabar video, producir… pero nos generó muchísimo tráfico. Mucha gente nos conoció por ahí.
Hubo unos a los que les fue increíble. Uno de ellos, “Fuerte No Soy”, entró al Top 50 de México por una semana.
También tuvimos a los Bacilos aquí en el depa, colaboramos con ellos. Hicimos uno con Genitallica. Todo se movía muy bien.
El gancho era justo ese: que vean los covers y luego descubran que también tenemos música propia.
Pero esa línea se empezó a borrar. Mucha gente nos empezaba a catalogar como “los güeyes que hacen covers”, y esa no era la tirada. No queremos ser una banda de covers.
Ya se arregló lo de la distribuidora y dijimos: “Ok, ahora enfoquemos energía en lo que sigue”. Fue un ejercicio muy útil, pero ya tocaba regresar a lo nuestro.
Víctor: Hablando con fans, supe de una chica llamada Ari que se tatuó una frase de una de sus canciones. ¿Cómo sienten ese impacto social? Esa responsabilidad de saber que lo que escriben puede salvarle la vida a alguien, o mejorarle el día a alguien que la está pasando mal.
Pedro y el Lobo: Es una sensación muy interesante. Pasa de una canción que puede salvarle la vida a alguien a que se tatúen el título… o incluso una firma.
No soy tan fan de que se tatúen la firma, porque la piel es sagrada, y si vas a tatuarte algo debería tener un significado más profundo. Cuando alguien nos dice: “Fírmame el brazo, me lo voy a tatuar”, les decimos: “Espérate, mejor te dibujamos algo más interesante”.
Pero cuando se tatúan títulos o frases… está muy cabrón. Porque es algo que les marcó y les cambió la vida.
Es muy loco darte cuenta de que algo que salió de tu energía termina salvándole la vida a alguien.
Es mágico y bonito. Y en realidad, cuando decidimos hacer música, fue para eso: para expresar lo que sentimos. Si eso le hace bien a alguien, ese es el mejor resultado.
Ya si llegan más personas, nos invitan, nos van a ver… es extra. Pero si una canción te hace sentir mejor, para mí es el mejor resultado.
Víctor: Todos tenemos un momento que nos marca en la infancia o adolescencia y que nos hace decir: “Yo quiero hacer esto”. ¿Cuál fue su momento crítico en el que dijeron: “Quiero hacer música”?
Pedro y el Lobo: En lo personal, no fue un evento canónico. Siempre fui un niño muy curioso. Me metían a muchas actividades. La música al inicio fue un juguete. Ver una batería, pegarle y hacer ruido.
Para mí fue muy orgánico: “Este juguete está chido, igual me meto a clases”.
Los maestros decían: “Le está echando ganas este chavo”.
Luego un diplomado… otro escalón… otro título…
Para mí fue decir: “Esto está padre. Me puedo dedicar a esto”. Encontré una comunidad chida, primero en Playa del Carmen, donde vivía.
Antes de eso, Pedro y yo ya hacíamos muchas cosas con música indirectamente. Nos juntábamos como primos a jugar, dibujar, grabar en cassettes canciones de la radio… La música ya entraba ahí, pero no como: “A esto me voy a dedicar”.
Para mí fue algo escalonado. Muy orgánico. No fue el clásico momento de película donde vas a un concierto y te regalan una guitarra y decides tu destino.


