
No es raro que, a través de las redes sociales, conozcamos a artistas que en un principio parecen destinados a ser One Hit Wonders. Plataformas como TikTok e Instagram han viralizado canciones que oscilan entre la joya musical y el puro shitpost de lo más aleatorio. Oliver Tree navega magistralmente entre estos dos polos. Con una identidad estética estrafalaria marcada por su icónico corte de hongo, lentes extravagantes y ropa exageradamente holgada y una firma sonora camaleónica, su propuesta puede ir desde beats pesados hasta melodías pop llenas de sentimentalismo y bienestar propio. Esta dualidad le ha valido para conectar con una inmensa cantidad de fans que encuentran refugio en sus letras, los cuales se congregaron el pasado sábado en el Pabellón Oeste de la Ciudad de México para disfrutar de lo que bien podríamos llamar «la planilla de bingo más improbable de la historia».
La noche estuvo llena de momentos surrealistas. Para calentar motores, tuvimos a un par de botargas del Dr. Simi en la consola remixando un compilado de éxitos. De ahí, la locura escaló a moshpits desenfrenados, un ramo de flores volando por los aires y varios (pero VARIOS) niños disfrazados exactamente igual que su ídolo, bailando «La Chona», «El Sonidito» y demás joyas de la cultura popular mexa. Literalmente, solo faltó armar la coreografía de «Payaso de Rodeo» para que este evento pudiera ser catalogado oficialmente como los XV de Oliver Árbol. A lo largo de la velada, se respiró un ambiente de total furor. Para muestra un botón: aunque llegamos con el evento ya iniciado, terminamos en las primeras filas arrastrados por la inercia de los empujones, los saltos y el slam.
Fiel a su personaje irreverente, cada cinco minutos (o cada que terminaba una canción) teníamos a Oliver preguntando a gritos: “¿UNA MÁAAAS?”, jurando que sería la última que interpretaría, aunque todos sabíamos perfectamente que no sería así. Lo más gracioso y característico de la noche fueron las mentadas de madre que le dedicaba al público a modo de cariño. “¡LOS AMO, PINCHES PENDEJOS!” era el máximo halago que podíamos recibir, el cual era rápidamente contestado por la multitud con un estruendoso y unísono: “¡Pinche gringo, pinche gringo!”. «Life Goes On», «Cash Machine», «Miss You», «Hurt» y «Let Me Down» fueron, sin duda, las canciones más gritadas de la noche.
El concierto tuvo un cierre perfecto con la gente cantando su éxito más grande a todo pulmón, mientras el audio de la pista bajaba de golpe; un momento muy emotivo, aunque nos quedó la duda de si fue un recurso artístico o simplemente otra falla de sonido de las que el recinto venía cargando desde el inicio del evento. Por más bizarro que te parezca el concepto detrás de este artista, no podemos negar su capacidad para conectar de manera increíble con un público que encuentra calma en el mensaje principal de su música. Un mensaje que quedó resonando en el recinto tras su despedida: «No importa cuán extraño creas que eres, no importa cuán feo pienses que eres… TÚ ERES HERMOSO
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