Liquits pinta el Teatro Metropólitan de psicodelia y nostalgia: 27 años de locura sonora

La noche del 24 de abril de 2025, el Teatro Metropólitan fue el lienzo donde Liquits pintó con luz, color y música una celebración desbordante de emociones. Con más de 27 años de trayectoria, la banda capitalina demostró por qué sigue siendo uno de los referentes más imaginativos y entrañables de la escena alternativa en México.

Desde los primeros minutos, el concierto se desmarcó de cualquier formato tradicional. La entrada fue casi teatral, acompañada de proyecciones hipnóticas y los primeros acordes de su nuevo material. A los pocos minutos, el recinto se transformó en una fiesta luminosa: globos transparentes comenzaron a rebotar entre el público, mientras el escenario mutaba constantemente en un espectáculo visual que crecía canción tras canción.

Un show lleno de simbolismos y magia visual

El recorrido visual fue tan impactante como el musical. Personajes icónicos como “Los Cabezas de Limón” o “El Oso Carpintero” tomaron vida en escena, culminando con un verdadero bosque mágico que envolvió a todo el escenario. Las paredes y columnas del Metropólitan no fueron ajenas al hechizo: proyecciones vibrantes envolvieron el espacio, haciendo que el lugar literalmente se impregnara con la esencia de Liquits.

Una de las sorpresas más celebradas de la noche fue la interpretación de “Recuerdos de verano”, una colaboración con Dr. Shenka, y la inesperada aparición del siempre irreverente Facundo, que desató gritos y risas entre el público.

Tres generaciones bajo un mismo beat

Entre canciones, la banda se tomó momentos para agradecer. “Es hermoso ver caras nuevas, caras amigas, caras de tres generaciones que nos han acompañado en todas estas locuras”, dijo uno de los integrantes, dejando claro que más que un concierto, esta noche era una reunión de almas que han crecido con su música.

El repertorio fue un viaje por el pasado y el presente: los clásicos “Chido”, “Kurasuraibo”, “Sola”, “Cuando apagues la luz”, “Te comes lo que dices”, “Chícharos mágicos”, “El oso carpintero” y, por supuesto, “Jardín”, fueron coreados como himnos, esta vez enriquecidos por arreglos de viento que elevaron su energía a nuevas alturas. La velada cerró con “Desde que”, como un broche emotivo a un recorrido de décadas.

Uno de los elementos más conmovedores fue la sinergia evidente entre los integrantes. La complicidad, las risas, la energía de amistad y diversión constante en el escenario reflejaron que más que músicos, son una familia artística que disfruta intensamente estar juntos. Y eso se contagió desde la primera fila hasta el último balcón.

Además, este show marcó el gran regreso de Liquits a los escenarios desde 2019, consolidando no solo un reencuentro con su público, sino con su esencia.

Antes de despedirse, proyectaron un breve documental que mostró su historia, dejando ver que detrás del juego, el disfraz y la irreverencia, hay también un relato de resistencia, amistad y evolución artística.

Una vida corta, pero luminosa

Si yo pudiera condensar todo lo vivido esa noche en una sola frase, tal vez sería una de sus propias letras la que lo logre mejor:

«La vida es corta, pero debes darle un tiempo para pensar en tu amor y olvidar lo que te hace llorar. Siempre hay una buena canción que te abre los ojos y el corazón.»

Y eso hicieron los Liquits en el Metropólitan: recordarnos que la música, cuando es honesta y libre, no tiene fecha de caducidad.

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Escucha a Liquits:

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