Kamasi Washington: poder y perfección en el Pepsi Center

Foto: CORTESÍA OCESA: Liliana Estrada

El miércoles 10 de septiembre por la noche, la Ciudad de México vivió un encuentro fuera de lo común. El Pepsi Center se convirtió en un espacio cargado de jazz poderoso y lleno de fuerza, donde todos contemplabamos el talento y creatividad de Kamasi Washington, que apareció unos cuantos minutos despues de las 9:00pm con su saxofón y un séquito de de músicos decididos a ejecutar un mismo plan sonoro.

Fearless Movement: un disco que estalla en directo

El centro del espectáculo fue Fearless Movement, el álbum que publicó este año. Escucharlo en vivo fue otra historia: lo que en estudio se percibe pulido, en el escenario se desplegó como un organismo vivo, con texturas más densas y una energía imposible de contener. Los coros de Patrice Quinn sonaron como ráfagas de aire que se colaban por todo el recinto, mientras la percusión fragmentada creaba ritmos quebrados que mantenían a todos en suspenso.

Washington no se limitó a reproducir lo grabado. Modificó estructuras, amplió secciones, prolongó silencios y expandió cada pieza hasta volverla irrepetible. Un momento tierno llegó cuando presentó una melodía cuyos primeros acordes fueron creados por su hija, generando un aplauso entrañable. También incluyó “Vortex”, tema que compuso para el anime Lazarus, estrenado en abril, y que en vivo adquirió una dimensión aún más vertiginosa.

Exploraciones nuevas, guiños inesperados y un ensamble imparable

Hablar de Kamasi implica hablar de su colectivo. Cada músico tuvo instantes de lucimiento y la sala respondió con euforia. Patrice Quinn desplegó una potencia vocal que recorrió cada rincón; Dontae Winslow, en la trompeta, no solo mostró técnica impecable, también improvisó un rap que desató sonrisas; Damian Grace exploró sonidos progresivos en los teclados; Miles Mosley arrancó vítores con sus solos de bajo cargados de distorsión; Tony Austin mostró precisión quirúrgica en la batería; y Rickey Washington, padre de Kamasi, se llevó una de las ovaciones más intensas al empuñar el saxofón soprano en “Asha the First”.

Kamasi, lejos de mantener la posición de protagonista absoluto, alternó entre sax y teclados, acompañó a sus colegas y cedió espacio para que cada uno aportara matices. Esa dinámica reforzó la sensación de comunidad: más que una figura central rodeada de instrumentistas, se trataba de un grupo de creadores dialogando en tiempo real.

Hipnotizados por cada nota

A diferencia de otras noches de jazz en la ciudad donde predomina la contemplación silenciosa, aquí hubo gritos, coros y gestos de complicidad. A gusto personal la canción más esperada de la noche fue “Fists of Fury”, la multitud levantó las manos y acompañó los coros con una fuerza que hizo vibrar el recinto completo. Cuando llegó el turno de “Street Fighter”, el cierre se convirtió en un estallido colectivo: todos coreando al unísono, sonrisas y una atmósfera increible.

El encore guardaba una sorpresa para los seguidores del hip hop: Washington revivió su participación en To Pimp a Butterfly, la obra maestra de Kendrick Lamar. Ese guiño provocó una explosión de entusiasmo y reforzó el lazo entre dos universos musicales que, más que distantes, se retroalimentan.

Una noche diferente

Al salir del recinto, todos estaban felices de lo que habia ocurrido en el escenario. Un show fuera de lo común, no se trataba de una noche simple, sino de haber compartido un show y una ejecución perfecta que desdibujó las fronteras entre géneros, generaciones y expectativas. Kamasi Washington y su ensamble mostraron que el jazz puede dialogar con la cultura pop, el rap, el anime, sin perder su esencia ni su potencia.

El Pepsi Center fue testigo de una exploración expansiva, de un grupo de músicos en estado creativo absoluto y de una audiencia joven que respondió con entrega total. Lejos de sonar solemne o académico, Washington logró que el jazz se percibiera actual, urgente y profundamente emotivo.

En una ciudad donde la oferta de conciertos es inagotable, este se sintió distinto: un viaje compartido que quedará grabado en la memoria de quienes estuvieron ahí, como una de esas noches donde el tiempo se detiene y todo gira alrededor de la música.

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