Fiesta y Calor junto a La Garfield y María Centeno en el Pepsi Center

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Una ola tropical inundó el Pepsi Center la noche del 13 de febrero. Desde Guadalajara, La Garfield llegó con ese ritmo elegante y contagioso que los caracteriza, convirtiendo el venue en una pista colectiva donde lo único obligatorio era cantar y bailar. El ambiente estaba cargado de calor —no solo por las luces— sino por la expectativa de un show que prometía mucho contando con dos vocalistas que han sabido imprimir su sello en la banda.

La encargada de abrir la noche fue María Centeno, quien tomó el escenario con naturalidad y una vibra íntima pero firme. Interpretó canciones de su repertorio solista y complementó el set con temas de su proyecto alterno, La Isla Centeno. Durante aproximadamente treinta minutos construyó un prólogo cálido, preparando el terreno para lo que sería uno de los momentos más significativos en la historia reciente de la banda.

Después de su presentación, dejó el escenario listo para dar paso a La Garfield con un Pepsi Center completamente lleno. La noche era especial: por primera vez en la Ciudad de México presentaban en vivo la colaboración junto a Valentina y María Centeno, quien fuera vocalista en los inicios de la agrupación. Tras varios años de caminos distintos, finalmente se reencontraron para lanzar el disco “Cuando Se Acaba La Noche”, un proyecto que simboliza cierre y renacimiento al mismo tiempo.

Desde que las luces bajaron, el ambiente ya estaba cargado de expectativa. Pero todo explotó con los primeros acordes de “Loca”. No hubo calentamiento previo: fue directo al punto. Un clásico absoluto dentro del repertorio de la banda y una canción que el público ha adoptado como propia. Cada verso fue coreado con intensidad, como si todos hubieran esperado exactamente ese momento para soltar la voz. La magia fue inmediata; la pista, se sintió como marea en luna llena.

El setlist fue un recorrido generoso por sus cinco álbumes. Desde el debut Sin Miedo (2013), donde la agrupación empezó a delinear esa identidad sonora elegante pero bailable, hasta La Vida No Es Tan Seria (2023), que consolidó una etapa más madura, con arreglos más finos y una producción más ambiciosa. Todo iba encaminado en cada acorde y cada improvisación que mostraba la evolución de cada miembro de la banda sin perder ese sello que los hace inconfundibles.

Temas como “Cómo Amarte”, “Mala”, “Love”, “When The Sun Goes Down” y “Suelta” fueron cayendo uno tras otro, manteniendo el pulso arriba. Cada canción tenía su propio clima, pero todas compartían ese groove que obliga a moverse aunque uno no quiera. El bajo marcando líneas profundas, los metales brillando con un estruendo que se sentía directo en el corazón y una sección rítmica sólida que no dejó caer la energía en ningún momento.

La sensación era clara: por instantes el Pepsi Center dejó de ser un venue cerrado y se transformó en una postal soleada. La música transportaba a esa escena ideal de amigos, risas, un buen trago en la mano y el mar de fondo. Esa es quizá la mayor virtud de La Garfield: logran que su sofisticación musical nunca se sienta distante; al contrario, es cercana, cálida y completamente compartible.

Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con las canciones de su reciente colaboración junto a María Centeno. “Amanecer”, “Vueltas” y “Que Hablen” marcaron un punto alto en la narrativa del show. No solo por lo musical, sino por lo simbólico: María fue vocalista en los inicios de la banda y este reencuentro representa un ciclo que se vuelve a abrir. Las canciones suenan frescas, pero también cargadas de historia.

La química en el escenario fue evidente. Las voces de María y Valentina se entrelazaron con naturalidad, demostrando que no se trata de competir sino de sumar matices. En medio de esa complicidad, ambas aprovecharon para mandar saludos y buena vibra a Sofía Steiner, quien también formó parte de la historia vocal de la banda. El gesto fue breve pero significativo: un reconocimiento a las distintas etapas que han construido el presente de La Garfield.

El público respondió a cada guiño. Coros masivos, manos arriba, baile constante. La banda entendió el ritmo de la noche y lo sostuvo con inteligencia: alternando momentos explosivos con otros más íntimos, pero sin perder nunca la tensión positiva que mantenía a todos conectados.

Al final, más que una simple fecha en la agenda, el 13 de febrero quedó como una celebración de trayectoria, colaboración y evolución. La Garfield con su fusión de funk, soul y jazz se vuelve un ícono de la escena musical mexicana; confirmó que su fuerza está en la energía compartida. Y cuando un recinto entero canta, baila y sonríe al mismo tiempo, queda claro que la noche —aunque eventualmente se acabe— deja huella.

Escucha La Garfield: