
Desde Berlín hasta el Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes, Kadavar aterrizó en la Ciudad de México el pasado sábado 14 de marzo con una misión clara: tocar fuerte, sonar preciso y volarte la mente!
Y lo lograron desde el primer riff.
La noche arrancó con un escenario bañado en tonos rojos y una iluminación a medias que anticipaba lo que vendría: un viaje denso, psicodélico y directo al cerebro. Poco a poco aparecieron “Lupus” Lindemann, “Dragon” Bouteloup, «Tiger» Bartelt y Jascha Kreft, saludando con un breve pero efectivo “Hola México, ¿qué pasa?”, suficiente para encender a un público que no necesitaba más introducción.
El arranque con “Goddess of Dawn” en versión extendida marcó el tono del resto del show: ejecución quirúrgica y una pared de sonido perfectamente equilibrada. Aquí hay que decirlo claro: el trabajo de audio fue impecable. Volumen alto, sí, pero limpio, con cada instrumento encontrando su espacio sin perder esa crudeza que define a la banda.
El set continuó con “Lies” y rápidamente llegó uno de los momentos más celebrados con “Doomsday Machine”, que conectó de forma natural con “Last Living Dinosaur”, generando una de las primeras explosiones colectivas de la noche. Brazos arriba, gritos rítmicos de “eh, eh, eh” y una masa de cabezas moviéndose al mismo tiempo: la sincronía entre banda y público ya estaba completamente establecida.
A partir de ahí, el concierto se sostuvo sobre una constante: intensidad sin interrupciones. “Black Sun”, “The Old Man” y “Explosions in the Sky” reforzaron esa sensación de viaje continuo, sin necesidad de discursos largos ni pausas innecesarias. Kadavar no vino a platicar, vino a tocar.
El bloque medio del set —con “Total Annihilation”, “Purple Sage” y “Scar on My Guitar” mantuvo la energía en un punto alto, mientras que “Die Baby Die” cerró la primera parte con la contundencia que ya se esperaba.
El encore fue breve pero cercano. Lindemann regresó al escenario con una pregunta directa:
“¿Cuántas canciones más quieren? ¿Una? ¿Dos? ¿Tres?”
La respuesta fue unánime. Tres más. Y tres más hubo.
“Regeneration”, “Come Back Life” y “All Our Thoughts” funcionaron como cierre perfecto para un show de aproximadamente hora y media que recorrió distintas etapas de su discografía sin perder coherencia ni ritmo.
Kadavar ofreció un concierto donde la conexión no pasó por el discurso, sino por la ejecución. Hubo pocas palabras, pero no hicieron falta. La banda entendió perfectamente el tipo de energía que el público buscaba, y la sostuvo de principio a fin con energía poderosa, atmósferas densas y una precisión que pocas veces se siente tan natural en vivo.
Una noche de riffs espesos, cerebros detonados y puños en alto.
Encore:
12. Regeneration
13. Come Back Life
14. All Our Thoughts
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