
(Al escribir esto mi piel sigue erizada por tanto amor y emoción recordada y vivida en un fragmento de noche que no sabía que necesitaba y que se volvería uno de mis mejores conciertos de esta mitad de año )
Tres horas de sorpresas, invitados especiales y una atmósfera cinematográfica fueron suficientes para que el público sintiera que estaba viviendo una escena de película. Las pantallas gigantes, con efectos visuales estilo dreaming, envolvían el escenario en una danza de luces y colores que parecían respirar al compás de cada acorde.
La velada comenzó con “Tierra llamando a Sant”, un arranque enérgico que anunció lo inevitable: “La noche es magia”, y así se sintió desde el primer segundo. Luego vino “Mala onda”, que encendió motores, mientras “T.N.S.A” desató el primer coro masivo de la noche. Para muchos (incluyéndome) las lágrimas ya estaban ahí, rodando sin permiso, y aún faltaba lo mejor.
La primera en salir fue Daniela Spalla, con “Fuera de lugar”, creando un momento casi irreal cuando el recinto entero se unió a su voz.
Más tarde, Ximena Sariñana llegó con “Un plan espectacular”, guitarra en mano, para quedarse casi toda la noche aportando coros, teclados y esa energía magnética que la hace única.
En “Pase a la red” la atmósfera se tornó íntima, con luces suaves inundando el venue, invitándonos a bailar pegaditos, con el corazón en la mano. Mientras que Macario Martínez nos regaló uno de los instantes más dulces con “Los años maravillosos”, una interpretación tan pura que cerró con un abrazo fraternal entre él y Santi, arrancando un aplauso interminable.
“Fuego Fuego Fuego Fuego” fue como entrar en otra dimensión, con una vibra tan intensa que terminó siendo uno de los temas más celebrados del álbum El show debe continuar.
Después vino una dedicatoria muy especial: “La historia sin fin”, con luces rojas y ojos húmedos en todo el recinto.
La noche siguió subiendo de nivel con el Flow increíble de Jesse Baez en “Volver al futuro”, una colaboración que nadie esperaba, pero que resultó explosiva. Luego “Disco de oro” nos transportó a un momento donde éramos felices antes de la pandemia, antes de que la vida cambiara, para dar paso a María de Disco Bahía con “Misterio, Cigarros y menta”, una bomba de rush, brincos y emociones fugaces.
La voz nostálgica de Paloma Morphy nos atravesó con “Norte”, mientras “Pesadilla, Berlín y Azul” nos llevaron a un viaje por su discografía, recordándonos por qué Little Jesus es una banda que brilla desde cualquier ángulo.
Con un set rosado, “El final del juego” fue pura magia, “El Show debe continuar” con Arath Herce en la guitarra y después, “Nuevo México” y “Una playa en Nayarit” desataron una tercera ola de lágrimas y coros desgarradores.
Cuando sonó “La luna”, el Palazzo se transformó en una pista de baile iluminada por una bola de cristal y luces estroboscópicas, como si el tiempo hubiera dejado de existir.
El clímax llegó con Jimena González cantando “Cabra”. Las voces de todos se fundieron en un grito catártico:
“NO ES TU CULPA QUERER TANTO, AMAR NUNCA SERÁ MALO”,
y la piel se nos erizó de amor y de verdad, nos abrió el corazón para dejarnos totalmente expuestos y llorar y llorar y cantar y gritar.
Y empezó “La magia”, el explote de emociones que se acercaba al final de un concierto memorable pues Little Jesus pusieron las canciones y la magia en una bola de cristal que reflejaba miles de corazones vibrando en un palacio que estaba feliz de tenerlos en él y en nuestras vidas.
“Gracias por nada” nos hizo brincar con fuerza y gritar “TODO ES MEJOR GRACIAS A ESA ÉPOCA HORRIBLE” aquellos coros fueron como flashazos de recuerdos que nos llevaron justo al ahora, a ese momento perfecto.
“TQM” sanó corazones como una caricia, con una interpretación donde Ximena Sariñana brilló intensamente.
Finalmente, “Copa del mundo” nos dejó la promesa de días mejores y el deseo infinito de más Little Jesus.
Anoche, Little Jesus hizo historia.


