Entrevista con Yolihuani: “Tiene que haber una búsqueda motivada por la curiosidad”

El proyecto Yolihuani no se queda quieto. Entre música, cine, paisajes sonoros y distintas formas de experimentar, Yolihuani Curiel y Jorge Chávez han construido un universo creativo que parte de una idea sencilla: tener curiosidad y descubrir hasta dónde puede llevarlos.

Esa inquietud también atraviesa Meteorit, su próximo álbum dividido en tres EPs, donde el meteorito funciona como metáfora de esos momentos que llegan, nos sacuden y nos obligan a movernos de lugar.

Platicamos con ellos sobre su proceso creativo, la música para cine, los proyectos que los han llevado a explorar nuevos caminos, sus recientes nominaciones al Ariel, el concepto detrás de Meteorit y la manera en que todas estas exploraciones comienzan a encontrarse también en el escenario.

Elí: Muchísimas gracias, Jorge y Yolihuani. Para mí es un gusto realmente tenerlos en esta sesión, así que les agradezco mucho su tiempo.

Hay mucho que hablar dentro del universo del proyecto Yolihuani, por así llamarlo. Pero antes de adentrarnos en este universo que tiene muchas ramificaciones y distintas maneras de conectar la música desde diferentes formatos y propuestas, si alguien acaba de descubrir la música de estos proyectos detrás de Yolihuani, ¿cómo podrían presentarlo? ¿Cómo darían esta bienvenida a los nuevos escuchas?

Jorge: Pues Yolihuani es una propuesta muy variada, producto de que Yolihuani Curiel se volvió solista en 2019 y me invitó a ser parte. Desde entonces hemos trabajado casi el 99% juntos.

Es muy variado: hay rock, hay hasta improvisación, hay cine, hay un poco de todo, hay sentimientos. Somos muy visuales, entonces componemos de esa manera.

Yolihuani: Sí, totalmente. Creo que es difícil encasillarlo en un género o en algún estilo en específico, porque creo que lo que nos define a Jorge y a mí como colaboradores es la inquietud creativa.

Y esa inquietud creativa se puede ver detonada por factores muy distintos y nos puede llevar también por caminos muy diversos. Es como estar haciendo arqueología sonora todo el tiempo.

Entonces, creo que Yolihuani tiene tres caminos de exploración hasta el momento.

Por un lado, está esta música que hacemos pensando en construir conceptualmente un disco que después vamos a llevar al escenario, que tal vez es la vena más rockera del proyecto, donde hacemos este rock cinemático con trip hop, con folk, con electrónica.

Pero después está la exploración de hacer música para cine, nuestro trabajo haciendo soundtracks y demás.

Y por otro lado está un trabajo más apegado a la academia, tal vez, donde se hace investigación y creación.

Por ejemplo, en pandemia hice un proyecto que se llama Hibridaciones, que fue irme a trabajar con una banda de niños a Oaxaca, trabajar haciendo fusión a partir de música tradicional oaxaqueña.

O ahora este proyecto que se llama Azmej, que se hizo con la convocatoria de PECDA —Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico— en Jalisco, para hacer música a partir de los patrones rítmicos y melódicos de cantos de aves del estado.

Entonces, al final me parece que es un abanico enorme, como dices, con muchas vertientes, pero todas ellas con esta emoción de explorar, de buscar salir de nuestra zona de confort, ¿sabes? Como arriesgarnos siempre.

Jorge: Y yo quiero también hacer hincapié en que la experimentación no tiene por qué ser rara, ¿no? O sin sentido.

La gente tal vez escucha “experimental” y dice: “ya no lo quiero, porque es puro ruido”. Sí hay de todo, sí hay ruido, pero nosotros tratamos de que tenga un pretexto. Que sí sea parte de la música, parte del personaje, parte del por qué estoy experimentando.

Elí: Bastante interesante. Y al final, la esencia detrás de cada proyecto que toman como reto es la exploración creativa, ¿no? El poder dejarse llevar, diversificar, salir de la zona de confort, es lo que hace también el crecimiento.

Sé que ustedes ya llevan más de dos décadas haciendo esta introspección para poder lanzar algo hacia el exterior.

Y ahora, tomando todo esto como esencia, ¿qué tiene que pasar o qué elementos debe tener un proyecto para que ustedes digan: “sí, queremos meternos aquí”?

Jorge: Curiosidad.

Por ejemplo, Yolihuani, con el proyecto Hibridaciones, nació en Oaxaca. Entonces yo creo que por ahí también fue como: “ah, quiero explorar con esta música”.

Las aves y todo eso… bueno, Yolihuani se la pasa grabando con su grabadora, valga la redundancia.

Yolihuani: Sí, ahí voy grabando paisajes sonoros para todos lados.

Jorge: Y para Brigada 2045, grabó piedras y cosas así para poder crear estas texturas para el soundtrack del documental de Olivia Luengas.

Y yo, pues soy más indoor, me la paso también aquí encerrado buscando soniditos, raspando cosas y buscando.

Yolihuani: Sí, coincido con Jorge. Tiene que haber un factor de mucha curiosidad.

Para mí tiene que haber una justificación para cualquier proyecto creativo que abordo, aunque sea una justificación para mí. O sea, siempre me pregunto: ¿qué voy a hacer?, ¿por qué lo quiero hacer? Y ya después el gran reto de cómo lo voy a hacer.

Entonces, tiene que haber esa búsqueda, motivada, como dice Jorge, por la curiosidad.

Y de repente soy alguien que le encanta estar ahí simplemente contemplando la vida. O sea, me puedo meter al Metro en Ciudad de México con mis audífonos y simplemente observar el caos y este rush. Y de repente, pum, se detonan ideas.

O puedo estar en cualquier lugar. De repente puede haber como un detonante para una idea donde uno dice: “¿qué tal que ahora hacemos esto?”.

Por ejemplo, lo que dice Jorge de las aves. Desde niño colecciono plumas de aves. Me encantan las aves y hasta ahora llegó un momento en el que dije, a mis 45 años, supe qué era lo que quería hacer con las aves.

Y dije: “¿qué pasa si me pongo a grabar?”. De todas maneras, estoy grabando paisajes sonoros todo el tiempo con mi grabadora o en el celular.

¿Qué pasa si grabo cantos de aves y selecciono patrones rítmicos y melódicos que me gustan? Y nos ponemos el reto de construir algo.

O cuando hice el proyecto de Hibridaciones, me di cuenta de que llevaba toda la vida haciendo fusión con culturas e instrumentos extranjeros, con Radaid o demás. Era trabajar con instrumentos de India, instrumentos africanos, instrumentos de Medio Oriente.

Y de repente dije: “¿qué onda con México? Yo nací en Oaxaca. ¿Por qué no busco hacia adentro en vez de estar buscando afuera?”.

Entonces fue una labor de hacer autoetnografía en un territorio en el que nací, pero del que crecí y viví desvinculado.

Porque nací en Oaxaca. A los 10 días hubo un terremoto terrible con epicentro en Gojoa Pandelión, que es donde nací. Se cayó medio pueblo, mis papás se movieron a Guadalajara, me registraron en Guadalajara.

Entonces tenía que haber una justificación. Una justificación de hacer un trabajo autoetnográfico y una reconstrucción identitaria, personal.

Y al final eso fue lo que motivó a hacer el proyecto para irme a trabajar con una banda de niños en Oaxaca y crear esto.

Y se convirtió en un proceso tan rico que dije: “creo que lanzar únicamente la música no va a ser suficiente. Necesito otros soportes visuales”.

Entonces, el proyecto se presentó en 2022 como una exposición en el Exconvento del Carmen, donde había video, collage, fotografía, documental, y la música era la parte unificadora, pero el proyecto se fue complejizando.

Y creo que eso es muy interesante: dejar que los proyectos, mientras más se complejicen en cuestión conceptual, creo que tienen la posibilidad de volverse más ricos y de explorar otros soportes.

Elí: ¿Han rechazado proyectos también? ¿Cómo es esa parte cuando no nace de ustedes proactivamente, sino que llega a su puerta?

Jorge: Bueno, por ejemplo, lo de Brigada 2045, el documental de Olivia Luengas, que ahorita está nominado al Ariel y salió la música de Yolihuani nominada como música original.

En este caso, Yolihuani ya ha hecho mucho cine. Es mi primera vez que entro al mundo del soundtrack, que es un mundo que me gusta muchísimo, porque yo creo que yo soy músico por el cine.

Entonces, lo que voy con todo este choro es que Yolihuani se acercó a mí y me dijo: “Oye, ¿qué crees? Una amiga me está proponiendo hacer este soundtrack, ¿le entras?”.

Y yo: “¡Claro que sí! ¡Por favor!”.

Entonces todo fue muy natural.

Creo que no hemos dicho que no a algo. De hecho, es muy raro que digamos que no.

Y es que también es trabajo. Y como músico, la verdad, la vida del músico es muy difícil.

Mi hija ahorita está aprendiendo a tocar y desde ahorita ya le estoy diciendo la verdad. De que, oye, aunque te dediques o no a esto, hazlo bien, pero entonces también es muy difícil que un músico le diga no a algo.

O sea, yo soy técnico de batería también para poder vivir y Yolihuani también hace un montón de cosas para poder vivir.

Entonces, yo le recomendaría a todo el mundo que le buscara el lado padre a todo, para trabajar.

Elí: Qué bueno que están inmersos en diferentes proyectos. Sé que el proyecto Yolihuani ha tenido la fortuna de ser ya en un par de ocasiones nominado al Ariel.

Pues hace ya algunos años con el proyecto de Asfixia, de Kenia Márquez, en esa colaboración por música original. Ahora, este año también por Brigada 2045, de Olivia Luengas. ¿Qué se siente dentro del proyecto?

Yolihuani: Para mí es formidable.

Yo llevo 25 años dedicándome a la música, pero comencé a hacer música para cine en 2012.

Y siempre tuve el sueño de poder incursionar en el mundo del cine, pero también todos tenemos nuestros demonios y nuestras inseguridades.

Entonces yo pensaba que para poder hacer música para cine, pues yo hubiera tenido que estudiar composición en un conservatorio.

Aunque estudié música desde chico, era algo que hacía de forma paralela. O sea, soy diseñador industrial. Antes intenté estudiar física y cosas así, pero no sé, yo mismo me ponía esa barrera de decir: “si no estudiaste en un conservatorio composición, entonces no lo puedes hacer”.

Y en algún momento me di cuenta de que no.

Que lo que uno necesita es sensibilidad sobre otras cosas para poder traducir lo que la directora o el director necesita en música.

Encontrar los timbres correctos, encontrar los momentos correctos, ser mesurado cuando hay que ser mesurado, sacarlo todo cuando hay que sacarlo todo.

Entonces pues el sueño se volvió realidad.

Para mí es un reconocimiento muy bonito y muy importante también porque creo que estos reconocimientos y estos premios te permiten poder seguir haciendo lo que más amas.

Son como un abrazo que te da la certeza de que estás haciendo las cosas bien y te brindan la posibilidad de poder seguir trabajando y abordando proyectos en las mejores condiciones.

Y creo que eso es lo que buscamos al final de cuentas todos los que nos dedicamos al arte: poder seguir haciendo lo que amamos el mayor tiempo posible bajo las mejores condiciones.

Y trabajar con Olivia Luengas ha sido una aventura bien bonita también.

La primera vez que trabajé con ella fue para su primer largometraje, que es Lejos del Sentido, y después en su cortometraje La Abuela del Año.

Y es bien interesante porque en estos primeros trabajos ella era muy mesurada.

Entonces, por ejemplo, en su primer largometraje, Lejos del Sentido, hay cinco minutos de música y nada más. Como muy minimalista, muy ambiental, muy sutil y no más.

Y para La Abuela del Año, pues la música aparece para dar paso a los créditos finales y ya, nada más.

Entonces, de repente dar este paso para que la gente en Brigada 2045 se haya construido un soundtrack de 50 minutos cuando el largo dura 90 minutos… ¡guau!

Es una exploración sonora brutal.

Fue muy emocionante.

Entonces, bueno, nos encanta hacer música para cine también.

Elí: Qué increíble conocer esa parte. Sé que también hubo actividades alrededor del Ariel. ¿Cómo viven este momento y qué representa para ustedes que estas películas y esta música puedan llegar a más personas?

Yolihuani: Está bien padre, como dices, en este recorrido.

De repente muchas personas preguntan: “¿dónde pueden ver las películas?”.

Bueno, va a haber un montón de funciones en todo el país. En la página de la Academia uno se inscribe y va a haber como screeners que se van a estar presentando para que la gente pueda, de manera gratuita, ver todas las películas nominadas al Ariel.

Elí: Y bueno, 2026 no solamente es un año importante para la cuestión audiovisual, sino también el proyecto Yolihuani tiene ya cocinando un proyecto específicamente musical, ahora con Meteorit.

Este proyecto que va a estar conformado, por lo que entiendo, por tres EPs, ¿no? El primero ya vio la luz, que es MET.

Jorge: Sí, ya EO va a salir. Solamente que Uciel González, que es nuestro ingeniero, está —bueno, pasó por una serie de cosas—, así que lo estábamos esperando, cuestiones de la vida.

Sí, porque es muy bueno y hemos hecho buena mancuerna con él. O sea, nos manda propuestas y es muy clavado. Igual que a nosotros, le gusta mucho Brian Eno y cosas así que también a nosotros nos agradan.

Entonces le está metiendo ahí ondas que nosotros le enviamos.

¿Para cuándo acabamos, Yolihuani?

Yolihuani: El EO va, yo creo, va a estar el siguiente mes. En septiembre sale a la luz y el álbum estará lanzado en su totalidad, según nuestro calendario, la primera semana de noviembre.

Así que este año estará por completo publicado Meteorit.

Elí: Increíble. Y esta idea de fragmentarlo, ¿está alineada a que cada pieza cuenta su propio universo o tienen una misma línea?

Jorge: Lo que pasa es que estábamos buscando una forma de cómo sacar esta serie de canciones, que son canciones en la mayoría de él, algunas mías.

Y ya ves que ahorita el music business es muy distinto a lo que yo crecí en los dos miles, y todo el mundo está sacando sencillos, EPs, ¿no? Porque la gente luego se aburre.

Entonces le dije a Yolihuani: “oye, pues, vamos sacando. ¿Qué tal si hacemos una historia?”.

Y a Yolihuani se le ocurrió lo del meteorito.

¿Qué tal si hacemos esta historia, la partimos en tres para que salga un EP: MET, EO, RIT, y al final ya se cuenta toda la historia como una película?

Y sí, tiene un hilo conductor todo.

Yo lo veía más… yo soy más dark y más catastrófico y más depresivo, pero Yolihuani tiene una explicación para ese meteorito que me parece más bonita.

Yolihuani: Sí, este álbum se llama Meteorit, haciendo alusión efectivamente al meteorito, entendiendo el meteorito como todos estos agentes externos que llegan a nuestra vida, nos golpean, nos impactan, nos mueven del lugar y nos obligan a readaptarnos y a ser resilientes.

Y bueno, del primer álbum que salió en 2020, yo estaba con procesos muy confrontativos. Entonces es un disco, siento, muy enérgico, con mucha determinación, con muchos cuestionamientos, muchos replanteamientos.

Y de ese primer disco a este, pues llegaron un montón de meteoritos a mi vida.

Crucé la barrera de los 40, nació mi hija, nació también la hija de Jorge, Jorge ya no está en Descartes a Kant, Radaid se murió, la pandemia evidentemente.

Estamos en otro lugar, en otro contexto, con otras cosas que decir.

Entonces han sido un montón de meteoritos que nos han hecho movernos de lugar.

Aunque narrativamente podría ser literal, porque cada EP va a tener un videoclip animado que precisamente cuenta la historia más literal, como de este meteorito impactando y transformándolo todo, pues es más esta analogía hacia la vida, como hacia la transformación en el día a día, de estas pequeñas muertes.

Jorge: Yo también quiero agregar algo, un lado un poco más hippie.

Porque eso que dice Yolihuani, eso nos pasó a nosotros, pero yo creo que todos estamos así, y especialmente después de la pandemia.

Todos estamos de la fregada, yo siento, porque no sé si con la pandemia ya pudimos aprender algo de que no deberíamos estar tan desconectados o tan solos en el mundo.

Pues tenemos que ver más hacia nosotros mismos y apoyarnos.

Pues ahora sí se oye tipo hippie, como hermanos o hermanas. Todos estamos, todos somos, estamos hechos de lo mismo, los sentimientos y así.

Yolihuani: El lado humano.

Y esto de dividirlo en tres EPs, que fue idea de Jorge, después conceptualmente funcionó bastante bien porque cada uno de los EPs tiene un color distinto, una historia, sí, y que coincide mucho como con las distintas etapas que tenemos ante el duelo y ante el cambio.

Como de repente uno de los tres EPs es más confrontativo y defensivo, ¿sabes? Y luego hay otro que es más introspectivo, más reflexivo.

Y al final hay otro que simplemente explota, y que es más vulnerable, que es más ya como estos picos de reacción ante lo inminente.

Entonces, a mí me emociona mucho que cada uno de los EPs tiene un carácter distinto y particular.

Jorge: Sí, es como una película, que tiene el intro, el desarrollo y el final.

Elí: Ya que MET está liberado y podemos comenzar a disfrutar de esta primera parte, ¿cómo se traduce todo este universo al escenario?

Hace unos días tuvieron presentaciones en Ciudad Guzmán y en el Centro Cultural Bretón. ¿Qué significó llevar todas estas exploraciones a un show en vivo?

Yolihuani: Totalmente.

Creo que lo que hemos platicado Jorge y yo este año es hacer un show justamente conjuntando todas estas áreas de exploración creativa.

Antes sí era muy independiente. No tocábamos lo de Hibridaciones en vivo, o tal vez no hubiésemos tocado lo de las aves en vivo, o no incorporábamos música de soundtracks.

Pero este año lo que hemos estado haciendo es eso: incorporar música de todas estas áreas, haciendo versiones para concierto, para quinteto, que es el formato en el que estuvimos tocando estos shows.

La idea es armar un show que lleve al público y al espectador con un montón de sensaciones, a partir de toda esta exploración.

En estos conciertos estuvimos tocando música de Brigada 2045, música del proyecto de las aves, música del proyecto de Oaxaca, MET, música del primer álbum y más.

O sea, es una curaduría ahí bien interesante.

Fueron shows donde existió esta comunión entre la música, la imagen, el video, el performance y la interacción con la gente, con el público.

Entonces, sí hubo sorpresas.

Y yo creo que, como dice Jorge, podemos garantizar que no se aburrieron.

Jorge: Sí, lo que pasa es que también, personalmente, como músico, y porque soy fan de lo que hace Yolihuani, es que no me gusta repetir cosas.

De por sí no tocamos mucho. Son pocas tocadas al año porque Yolihuani tiene la paciencia de mi agenda que está ocupada y nos movemos a través de mi agenda.

Entonces, cuando tocamos, yo trato de que la gente también sea nueva. O sea, la que ya nos conoce y nos sigue, que siempre sea distinto.

Entonces, el orden, el setlist es distinto, la narrativa de cada show es distinta.

El sábado pasado tocamos acá en Film Club y, como es un lugar muy pequeño y oscuro donde puedes poner visuales, que todos nuestros shows están acompañados con visuales, pues así se manejó: cámara oscura y todos sentaditos.

El principal personaje era los visuales y la música.

Y en Guzmán le pusimos Hibridaciones Eléctrico, y fue para tocar también Hibridaciones y un poquito de lo demás, pero fue un poco más como lo decía Yolihuani: vamos a tocar con todo.

Yo quiero tocar con actitud, con ganas, y que sientan en Guzmán y en Bretón.

Fueron como 16 canciones más o menos, hubo sorpresas y estuvo muy variado.

Fue como un resumen de lo que hemos hecho desde 2019.

También hay un solo, hay una canción que me gusta mucho que se llama Monster, y hay un solo de batería que estaba preparando para que fuera el intro.

Ese lo estrené en Larva en mayo del presente año, pero fue un solo más grande, más largo, con una mesa de cosas cotidianas y basura.

Ahora fue distinto porque en el Bretón es un poco más pequeño el escenario, pero estaba preparando algo especial que ni siquiera Yolihuani sabía, como el intro para esta canción.

A lo que voy es que hubo sorpresas para todos, hasta para uno.

Elí: Hasta para él mismo.

Jorge: Sí. A lo mejor sale bien, a lo mejor sale mal, pero eso es lo que está chido.

El universo de Yolihuani parece crecer en distintas direcciones sin perder un mismo punto de partida: la curiosidad.

De la música para cine a los cantos de aves, de Oaxaca a los escenarios, de la experimentación sonora a Meteorit, Yolihuani Curiel y Jorge Chávez han convertido la búsqueda en una metodología creativa.

Más que perseguir una etiqueta, el proyecto parece encontrar su identidad precisamente en la posibilidad de cambiar, experimentar y dejar que cada nueva inquietud abra una puerta distinta.

Porque, al final, como resume Yolihuani: “Tiene que haber una búsqueda motivada por la curiosidad.”

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