
En un mundo donde todo parece diseñado para verse perfecto, Meg Remy, mejor conocida como U.S. Girls, decide caminar en sentido contrario. Su nuevo disco “Scratch It” es una declaración frontal de lo que significa ser humana, vibrando con la honestidad de lo crudo, de lo que no necesita retoque para generar emoción.
En esta entrevista, Meg habla sin pretensiones del caos de ser madre, de sanar desde adentro, de hacer música como quien se mira al espejo sin maquillaje. Nos deja ver el proceso detrás de un álbum que no busca la perfección.
Elí: Meg, estoy muy emocionado de hablar sobre Scratch It, tu nuevo álbum. Sé que hay algo muy honesto y crudo en este disco. De hecho, tuvimos el privilegio exclusivo de escucharlo antes de su lanzamiento este 20 de junio. Nos dejó una gran impresión. Gracias por confiarnos eso.
Sé que grabaste Scratch It en tan solo 10 días, ¿cierto? ¡Eso es una locura! ¿Qué querías capturar con ese proceso de grabación tan enfocado y corto?
Meg: Creo que realmente quería capturar a seres humanos tocando en una habitación. Ya sabes, solo interpretaciones, dejar que sean lo que son, sin tratar de corregir nada. Y creo que grabar en cinta de dos pulgadas realmente ayudó con eso, ya que solo teníamos 16 pistas, y hay un límite de cuánto puedes corregir y manipular, realmente no puedes cortar, pegar o afinar cosas, ¿sabes? Así que quería hacer un disco muy transparente. No intentar hacer un álbum perfecto, solo dejar que la interpretación y la canción hablen por sí mismas.
Todo eso viene un poco de que soy una contraria. Siempre quiero hacer lo opuesto a lo que está pasando en el mundo. Y siento que ahora vivimos en un mundo donde todo está tan corregido. Cada foto que publicamos está seleccionada, todo está curado, con filtros y generado por IA. Y quería posicionarme justo en el lado opuesto de eso y decir: todo esto viene originalmente de personas reunidas en una habitación trabajando juntas para capturar un sonido.
Elí: Has dicho que querías un sonido crudo que permitiera que las letras realmente respiraran, ¿fue difícil lograr eso, mantener todo crudo pero aún así poético?
Meg: Sí, aún tiene que ser algo que se pueda escuchar, no puede ser solo emoción cruda desangrándose en el suelo. Pero creo que por eso fue tan increíble trabajar con un ingeniero con tanta experiencia. No solo se encargaba de la parte técnica, también estaba escuchando y guiando de forma muy amable, diciendo “ok, tal vez quieras repetir esto” o “cambiemos esto”. También el trabajar con otras personas, ya que creo que mientras más personas estén trabajando en algo, mejor será, porque hay más cerebros, más experiencias uniéndose para hacer una sola cosa. Creo que si este disco lo hubiera hecho yo sola, habría sido demasiado crudo y probablemente sería imposible de escuchar. Pero mi crudeza pasó por el filtro de músicos con su propia experiencia y sensibilidad, y creo que eso es lo que hace que funcione.
Elí: Eso es genial. También los músicos que invitaste – Dillon Watson (D. Watusi, Savoy Motel, Jack Name) en la guitarra, Jack Lawrence (The Dead Weather, The Raconteurs, Loretta Lynn) en el bajo, Domo Donoho en la batería, ambos Jo Schornikow y Tina Norwood en los teclados y en la armónica Charlie McCoy (Elvis, Bob Dylan, Roy Orbison) – son pesos pesados. ¿Cómo moldearon el ambiente de las sesiones? ¿Tú guiabas el sonido o fue un proceso más colaborativo desde el inicio?
Meg: Fue muy colaborativo. Charlie McCoy, que es el legendario armonicista en el disco, solo vino un día e hizo lo suyo. Tiene 84 años, así que fue una situación diferente. Pero con la banda principal que grabó las pistas, todo fue muy colaborativo y en realidad no guié mucho. Creo que les dije de qué trataban las canciones y hablamos un poco sobre la vibra, pero la paleta de instrumentos ya estaba definida, así que ya todos sabían lo que iban a tocar. Y me encanta dejar que los músicos interpreten lo que creen que quiero transmitir.
Fue la primera vez que tenía canciones listas pero sin arreglos. Todos los arreglos se hicieron en el estudio, sin preocuparnos de que fuera la toma perfecta, solo decir: esto suena bien, así que solo hay que grabarla y seguir. Sé que no es un método que se use mucho actualmente, creo que nos estamos alejando de esta forma de hacer discos, y eso es una lástima, porque realmente no hay nada como esto. Tiene un sonido que no puedes lograr con medios digitales.
Elí: Sí, estoy de acuerdo. Creaste una vibra creativa y emocional muy buena que se siente en el disco. Eso es un gran logro. También las letras del álbum se sienten muy conectadas con el cuerpo de la melodía. Hay mucha corporalidad, voz, piel, maternidad, emoción. ¿Hubo algún cambio en tu forma de escribir cuando empezaste a componer desde experiencias personales más que desde ideas conceptuales o políticas?
Meg: Sí, creo que el hecho de convertirme en madre realmente cambió las cosas para mí. Empecé a pensar más en mí misma y en querer sentirme mejor conmigo misma. Porque quiero que mis hijos se sientan bien con ellos mismos, y si yo soy su maestra principal ahora, necesito amarme para ser una buena maestra para ellos. Me di cuenta de que me enojaba mucho y no era muy amable con ellos. Y eso no tenía nada que ver con mis hijos, tenía que ver con algo dentro de mí, con que estaban compitiendo con mi niña interior. Así que tuve que empezar a hablar con mi niña interior e intentar sanar eso.
Además, como nuestro mundo gira cada vez más fuera de control, descubrí que una forma de detener ese vértigo es estar en mi cuerpo, trabajar en mí misma, que es lo único sobre lo que realmente tengo control. No puedo cambiar el mundo. No puedo cambiar a nadie. Ni siquiera puedo cambiar a mis hijos. El único lugar donde quizás puedo generar un cambio es en mí, y hasta eso es difícil.
Este disco vino de ese lugar. Necesitaba hacer un disco que estuviera alineado con el trabajo que intento hacer en mi vida personal. Necesitaba que mi música me ayudara con eso, y también espero que al compartirlo, alguien más lo escuche y se anime a habitar su cuerpo y a empezar a escarbar ahí dentro.
Elí: Sí, en cada tema se siente que este disco fue creado desde la experiencia personal. Es muy emocional. Ahora, hablando del sonido, Scratch It! mezcla country, folk, gospel, incluso un poco de beat poetry. ¿Eso surgió de forma natural o fue una decisión consciente de alejarte de los loops y las capas de bajo de tus discos anteriores?
Meg: Todo comenzó al trabajar con esta banda de Nashville, y también al definir la paleta de instrumentos, sabiendo que iba a haber batería, bajo, guitarra, órgano Hammond y Rhodes, y armónica. Eso se presta naturalmente a esos géneros. También es el primer disco que grabo en Estados Unidos desde 2010, entonces quería explorar esas formas de música estadounidense que son tan sagradas para mí.
Actualmente vivimos en una época muy antiamericana, y con justa razón. Pero Estados Unidos es un país enorme lleno de gente y con una historia musical muy rica, entonces quiero celebrar eso, no quiero simplemente decir: “odio a Estados Unidos y nací ahí, entonces me odio a mí misma”. Así que ¿cómo puedo encontrar cosas que celebrar de esta cultura y esta región? Me incliné por eso. Volver a Estados Unidos después de haber estado 15 años en Canadá y querer explorar formas de música que no había trabajado antes pero que son muy importantes para mí. Y también sabiendo que iba a ser una sorpresa para la gente. Mi último disco fue muy programado, muy producido, basado en funk, digital y casi todo con instrumentos MIDI. Sentí que el siguiente paso lógico era ir totalmente hacia lo humano. Y sí, me gusta eso. Nunca quiero que alguien sepa qué esperar de mí. Sabré que mi carrera se acabó el día que la gente sepa qué esperar de mí.
Elí: Sí. Se siente demasiado ese toque humano. Ahora, ¿siempre imaginaste que el álbum tendría texturas tan distintas? Porque se perciben distintas texturas en los tres sencillos que has lanzado hasta ahora de Scratch It!. Cada uno se siente como en su propio mundo, ¿sabes? “Bookend” es cinematográfica y meditativa. “Like James Said” es funky y sanadora. “No Fruits” es como una diss track poética, muy movida. ¿Siempre imaginaste que cada canción tendría su propio mundo?
Meg: Sí. Creo que he hecho eso en muchos de mis discos. Nunca estoy muy atada a los géneros. No siento que un disco deba ser así como: “este es un álbum solo de funk”, ¿sabes? escucho muchísima música, tenemos acceso a toda la música grabada en nuestros teléfonos, computadoras, así que es difícil hacer un álbum de una sola forma. Dentro de nosotros llevamos todas las canciones y todos los géneros. Así que siempre he trabajado así. Normalmente es la canción la que anuncia lo que necesita, cómo quiere ser presentada, y solo confío en eso. Sí, es totalmente diferente a la anterior, pero está bien, se está presentando como esto, así que vamos con eso. Además trato de no sobrepensarlo.
Definitivamente no soy una persona que me asegure de que todo tiene que combinar. También soy artista de collage, me encanta hacer collages. Así que eso siempre está presente en mi trabajo: cuando cambian las texturas, la paleta de instrumentos o el género de la canción, el álbum se siente como un gran collage sonoro para mí, que es más mi onda y mi forma de hacer cosas.
Elí: Sí, sí. Cada canción viene de un lugar emocional totalmente distinto.
Mi última pregunta: ya sé que vas a llevar a tu banda por Estados Unidos este verano y luego a Reino Unido y Europa. ¿Esperas poder llevar este álbum en vivo a audiencias de Latinoamérica también?
Meg: Me encantaría. No depende de mí. Diles a los promotores de allá que nos lleven. He querido hacerlo, nunca he tocado allá, así que me encantaría. De verdad. Así que corran la voz.
Elí: Sí, nos encantaría. Muchas gracias, Meg, por tu tiempo. Agradecemos esta increíble charla.
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