Entrevista con El Mulu: “Las canciones dejan de pertenecerte cuando salen al mundo”

En conversación con Blizz, El Mulu profundiza en Derramar el tiempo, su primer álbum de estudio, una obra construida durante cuatro años de pérdidas, mudanzas, incertidumbre y transformación personal. Entre volcanes, aluviones, despedidas y recuerdos, el cantautor chileno reflexiona sobre la música como refugio, la resignificación de las canciones por parte del público y la forma en que el arte puede acompañar los duelos que muchas veces permanecen en silencio.

Hay discos que funcionan como una colección de canciones y otros que se sienten como un recorrido emocional. Derramar el tiempo, el primer álbum de El Mulu, pertenece a la segunda categoría.

Construido a lo largo de cuatro años marcados por cambios radicales en su vida, el álbum reúne historias atravesadas por la distancia, las pérdidas, la soledad, la añoranza y la necesidad de encontrar sentido en medio de la incertidumbre. Sin embargo, lejos de instalarse únicamente en la tristeza, el músico chileno encuentra en sus composiciones un espacio para la ternura, la gratitud y la posibilidad de sanar.

Ian (We Are Blizz):

Antes que nada, ¿cómo te encuentras ahora que Derramar el tiempo finalmente vio la luz?

El Mulu:

Muy bien, contento. Esta es la primera entrevista que tengo para el lanzamiento del disco, así que no puede salir mal.

Estamos apenas en el segundo día de vida del álbum y he recibido muchísimos mensajes. Lo bonito es que la gente lo está recibiendo como un disco sanador. Es un trabajo muy emocional que habla sobre pérdidas y duelos, y muchas personas se han identificado con eso. Me lo han hecho saber a través de redes y ha sido muy lindo ver cómo están conectando con las canciones.

Ian (We Are Blizz):

Han sido cerca de cuatro años de trabajo. ¿Qué sentiste cuando finalmente estuvo terminado?

El Mulu:

Es curioso porque creo que me preparé durante mucho tiempo para terminarlo, pero no sé si me preparé para cuando realmente estuviera afuera.

Fueron años muy intensos. Hubo relaciones que terminaron, mudanzas, situaciones familiares complejas y un momento en que incluso tuve que detener completamente el trabajo del disco durante un año entero.

Llegó un punto en que ya no sabía cuándo lo iba a terminar. Era una idea muy volátil. Cuando las cosas comenzaron a estabilizarse y el álbum empezó a tomar forma, fijamos una fecha de lanzamiento y ahí todo se volvió real.

Recuerdo perfectamente el día en que lo subí a las plataformas. Lo envié y me quebré. Me puse a llorar. Tuvo que venir mi novia a abrazarme.

Ahora siento una mezcla rara de emociones. Estoy feliz porque la recepción ha sido hermosa, pero también siento como si algo me faltara. Supongo que es porque conviví con este disco durante tanto tiempo que ahora cuesta soltarlo. Aunque también empieza otra etapa: tocarlo en vivo y compartirlo con la gente.

Ian (We Are Blizz):

Algo que encontramos al escuchar el álbum es la constante presencia de la naturaleza. Hay volcanes, viento, agua, tormentas y aluviones. ¿La naturaleza funciona como una manera de traducir emociones difíciles de explicar?

El Mulu:

Sí, aunque no fue algo planeado.

No me senté a pensar que todas las canciones tendrían que dialogar con la naturaleza, pero terminó ocurriendo. Creo que tiene que ver con que muchas emociones son muy difíciles de describir directamente.

La felicidad extrema es difícil de explicar. La soledad extrema también. La incertidumbre o la desesperanza igual.

Mi experiencia en México estuvo marcada por emociones muy intensas. Llegué para pasar una semana, comenzó la pandemia, cerraron los aeropuertos y terminé quedándome aquí. Después vino una ruptura amorosa, la soledad y la sensación de tener que empezar desde cero.

Hay sentimientos que a veces son imposibles de traducir literalmente. Entonces aparecen imágenes como volcanes, tormentas o aluviones que logran explicar mejor lo que uno está sintiendo.

Y además permiten que quien escucha complete el significado desde su propia experiencia.

Ian (We Are Blizz):

Justamente sobre eso. ¿Qué opinas de las interpretaciones que hace el público cuando son completamente distintas a la intención original de una canción?

El Mulu:

Para mí las canciones dejan de pertenecerte cuando salen al mundo.

Tengo una canción del disco llamada Gota por gota que nació a partir de una experiencia muy específica relacionada con los abuelos de mi mejor amiga. Ambos tenían Alzheimer y un día vivieron un momento de lucidez extraordinario. Durante unos minutos recordaron quiénes eran, dónde estaban y volvieron a reconocerse.

La canción habla de eso.

Pero después de un concierto una persona se acercó para contarme que esa misma canción le ayudaba a recordar a su perro fallecido.

Y pensé: perfecto.

Si una canción puede ayudar a alguien a sanar algo importante en su vida, aunque tenga un significado completamente distinto al que yo imaginé, entonces ya cumplió su propósito.

Creo que los cantautores tenemos que bajarnos un poco del ego. No es tan importante que la gente entienda exactamente lo que quisimos decir. Lo importante es que sientan algo.

Ian (We Are Blizz):

También encontramos algo muy interesante en las letras: una convivencia constante entre la ternura y la devastación. ¿Cómo encuentras ese equilibrio?

El Mulu:

Creo que ambas emociones están mucho más cerca de lo que pensamos.

Muchas canciones del disco hablan sobre la añoranza. Y puedes añorar desde la ternura o desde la devastación.

Puedes recordar algo con cariño o extrañarlo hasta que te duela.

Al final ambas emociones nacen del mismo lugar: querer algo de vuelta.

Además, las canciones son fotografías emocionales. Dependiendo de cómo me siento el día que las escribo, la misma idea puede tomar direcciones completamente distintas. Intento ser muy fiel a ese estado emocional y dejar que la canción encuentre su propia forma.

Ian (We Are Blizz):

En canciones como La Fiesta aparecen imágenes muy corporales. Hay referencias a la sangre, al cuerpo, a la gravedad. ¿Qué lugar ocupa el cuerpo dentro del álbum?

El Mulu:

Un lugar muy importante.

Muchas de las experiencias que inspiraron el disco comenzaron a manifestarse físicamente. Sentí por primera vez ciertas tristezas profundas, frustraciones o desesperanzas que literalmente se alojaban en el cuerpo.

Por eso aparecen esas imágenes.

A veces una sensación física logra explicar mejor una emoción que una explicación racional. Hay momentos en que no sabes cómo sostenerte o cómo seguir adelante, y el cuerpo termina convirtiéndose en el escenario donde todo eso ocurre.

Ian (We Are Blizz):

Hay una línea que nos llamó mucho la atención: “Baila, jala el gatillo”. Pareciera que el baile y la destrucción conviven en un mismo espacio. ¿Te interesaba mostrar que amar también puede ser una experiencia peligrosa?

El Mulu:

Qué bonita pregunta.

No lo había pensado exactamente así, pero sí creo que tiene relación.

Este disco está lleno de historias donde amé de manera muy intensa, sin filtros y sin reservas.

Cuando entregas todo lo que tienes, inevitablemente te vuelves vulnerable.

Hay distintas formas de amar, pero muchas de las historias del álbum nacen de haberlo hecho de manera total, sin calcular demasiado las consecuencias. Y claro, eso puede ser hermoso, pero también puede doler muchísimo.

Ian (We Are Blizz):

Después de escuchar Derramar el tiempo, queda la sensación de que el álbum no intenta ofrecer respuestas definitivas, sino acompañar preguntas y emociones que siguen abiertas.

El Mulu:

Creo que sí.

Al final, muchas de estas canciones nacieron porque había cosas que no sabía cómo explicar de otra manera. Son intentos de entender experiencias que me atravesaron profundamente.

Si esas canciones pueden acompañar a alguien más en sus propios procesos, entonces todo este camino habrá valido la pena.

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