
El segundo día del Pitchfork CDMX 2025 comenzó con un aire de incertidumbre. El Estadio Fray Nano, que había brillado meses atrás con otros festivales, parecía resistirse a repetir la magia. Aun así, entre una llegada lenta del público y el ruido de fondo de la ciudad, los primeros acordes del día marcaron el inicio de una jornada que sería todo menos predecible.
El escenario se abrió con Rosas, un proyecto que fusiona la introspección de la trova con la electrónica ambiental. El debut de su nueva agrupación, El Rosal, fue un gesto de confianza hacia la escena emergente mexicana. A Veces Siempre siguió con un set cargado de emoción cruda. Con una propuesta que aborda la sanación desde la vulnerabilidad, el dúo de «Rata» (Austin TV) y Héctor de Canseco se volvió un refugio emocional para muchxs.
No todo fue fácil. Bedouine, con su folk etéreo, enfrentó una batalla contra el ruido ambiente: aviones, vendedores y el bullicio del estadio. Aunque su actitud fue relajada, su sonido se perdió entre las condiciones técnicas. A pesar de ello, su presentación dejó un rastro de belleza que solo algunos alcanzaron a escuchar por completo.
La noche tomó fuerza con el trío brasileño: Tim Bernardes, Rodrigo Amarante y Silvana Estrada. Bernardes demostró que su música resuena mucho más allá de su país, mientras que Amarante mantuvo viva la llama con su carisma habitual. Tres sets acústicos seguidos podrían haber sido un riesgo, pero funcionaron como un puente hacia algo mayor.
El momento culminante llegó con Silvana Estrada. Con una producción escénica que incluyó una marioneta gigante y arreglos orquestales, su concierto fue un ritual. Cada canción fue interpretada como si fuera la última, con una entrega total que electrizó al estadio. Invitó a Bedouine a interpretar «One More Time» y reunió a Bernardes y Amarante para tocar «Coqueiro» bajo el nombre de Los Choripanchos. El resultado fue un instante de magia pura.
El cierre estuvo a cargo de Black Country, New Road. A pesar de no tocar temas clásicos como los de Ants From Up There, su set demostró que el proyecto está en constante evolución. El nuevo material fue recibido con división, pero el viaje musical tuvo momentos de hipnosis colectiva.
Pitchfork CDMX 2025 sigue consolidándose como un oasis alternativo frente a las estructuras tradicionales de los festivales masivos. Con sus imperfecciones, sus gestos íntimos y sus apuestas arriesgadas, la segunda noche quedó tatuada como un testimonio de que el arte sucede en los intersticios, donde la técnica no alcanza pero la emoción desborda.
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