
La noche del 1 de agosto de 2025, el Anexo Independencia se convirtió en un santuario de distorsión, punk y melancolía con la llegada de El Shirota. Bajo un cielo caprichoso que alternó entre tormenta y tregua, el público tapatío se reunió para una velada intensa que combinó slam, energía cruda y una comunión musical difícil de olvidar.
El Anexo Independencia fue un templo para la buena música la noche de este pasado viernes 1 de agosto, al recibir la presentación de El Shirota como parte de su gira previa a su presentación en El Primer Gran Festival de Bandemia (sí, lo sabemos, pero no hablemos de eso aún), con un foro a tope y llenando el ambiente con todo lo bueno del shoegaze: ruido, punk, y melancolía.
La Perla de Occidente comienza el mes de agosto de una forma realmente muy especial con la visita de El Shirota en por tierras tapatías como parte de su gira por el país previo a su presentación (o la que debió haber sido su presentación) en El Primer Gran Festival de Bandemia y lo hicieron acompañados por una triada estelar: Timoti la Motocasco, WYYRD, y Niñas Cochinas. Un acompañamiento musical verdaderamente justo para la lluvia acongojante de la ciudad.
Viernes 1 de agosto, Guadalajara. La ciudad se encontraba en un vaivén por la lluvia de ese día. Comenzaba a llover un poco, pero luego un mucho, para después detenerse totalmente, para al final arreciar y cubrir toda la ciudad de extremo a extremo. Esto durante todo el día. La cita para el concierto era a las 20 horas, la lluvia ponía un freno de mano a todo y, cerca de las 18 horas, parecía que llegaríamos empapados. Estábamos mal. En punto de las 19 horas la lluvia cedió, y nos dio una oportunidad que al parecer todos los que íbamos hacía el Anexo Independencia tomamos. Las puertas del espacio se abrieron y, a los minutos, el recinto ya se encontraba considerablemente lleno. Cruzamos charcos y con los pantalones charpeados ya estábamos listos para disfrutar la noche.
21 horas y sale a escena la primera de las bandas de la noche, las tapatías Niñas Cochinas. Conjunto compuesto por 4 integrantes, más 2 personas en escena tocando teclados. Dos guitarras, un bajo, batería y voces, sintetizadores cargados, una bandera de la comunidad colgada de uno de los micrófonos y maquillajes de arlequín toman el escenario con las manos, y lo doman a placer. Más que un decir, es un testigo de la energía con que esta banda toca en vivo. Punk rock femenino rápido y estridente, con letras que son tan, pero tan banales, que se convierten en un sentimiento real y universal que cualquier puede conectar con él a un nivel espiritual, sin importar lo variado de la audiencia que las vea. Si en una canción te hablan acerca de la importancia de mantener la higiene y de no ser un viejo rancio, en otra te hablan acerca de la pesadez que hay en tratar de no estar aburrido mas no poder evitarlo, y del estar harto de sentirse harto.
Fácil conectar con estas canciones, y más aún cuando la banda las está tocando con tanta energía y gusto. 38 minutos después, culminan su explosivo set con una invitación para pasar a revisar su merch, hecha por ellas mismas. En verdad, una presentación única que convierte a Niñas Cochinas en una de los mejores actos que la escena local tiene actualmente para ofrecer, y que esperamos poder ver de nuevo muy pronto, porque en verdad, qué bueno estuvo su show.
Tras un cambio rápido de instrumentos, a las 21 horas con 45 minutos WYYRD toman el escenario. Banda tapatía compuesta por 4 elementos, batería, bajo, guitarras y voces, que tocan con tal habilidad que, por un minuto, pareciera que estás viendo una sesión más que un concierto. El público está encendido. La emoción acumulada por lo increíble y fugaz del set previo, aunado a la premura en el cambio de sets y lo brutal del acto que estamos viendo.
Es casi imposible describir la energía que hay en el Anexo, pero todos podemos sentirla. Lo particular de la música de WYYRD, que va de un poco de grunge, más un tanto de shoegaze, y un cacho de rush de punk, con toda una vibra sombría, de hartazgo y de enojo pero también de melancolía que logra espesar el aire. Estamos viendo un muy bien logrado set que con sus 30 minutos consigue cautivar a cada uno de los asistentes, que a gritos consiguen que se hagan dos encores, para terminar a las 22 horas con 25 minutos, con un cortón en el audio justo terminando su segundo encore.
En este punto, el Anexo Independencia completo es una fiesta. El público está vuelto loco, las filas para la cerveza y la merch son larguísimas, la gente se está compartiendo cigarros y el staff se apresura para hacer otro cambio de instrumentos rápido. Menos de diez minutos y brincan sobre el escenario Timoti La Motocasco. Comienzan a tocar a las 22 horas con 35 minutos, y la estridencia de sus tres guitarras, su bajo, el beat constante e imparable de la batería más las voces en conjunto y la velocidad con que tocan, hacen que el ambiente termine de ebullir. El ánimo está en su punto máximo, y pareciera que lo noche no podría ponerse mejor. 23 horas y termina el último set de la noche previo al acto principal.
23 horas con 20 minutos. Por fin se están calmando los ánimos del Anexo, y que los asistentes vuelven en sí. Y sí, los veinte minutos entre sets fueron un justo descanso para la audiencia que por dos horas han estado casi de forma incesante dando todo de sí mismos, pero esta pausa fue una simple coma, no un punto final. Salen, al fin, El Shirota, con espíritu animalesco. Vocales pesadas, improvisaciones extensas, guitarras y bajos contundentes, y un aura de melancolía tan denso que se siente hasta violento, y el público lo sabe. Menos de 10 minutos de haber comenzado a tocar y ya hay dos círculos de slam y gente haciendo crowdsurfing. El resto de la hora que tocaron no fue nada lejano a esto. Invitados sobre el escenario para participar en sus canciones, y con un coro para que regresen a tocar otra canción, el concierto termina 30 minutos pasada la medianoche.
Una vez terminado el evento pareciera que la ciudad y el estado del tiempo no quisieran que nos fuéramos del Anexo Independencia y, a decir verdad, nosotros tampoco. La lluvia volvió a arreciar justo a la par que terminaba el evento, y aunque ya era tarde y el cansancio era palpable, tanto por parte del staff del Anexo como por los asistentes mismos, los ánimos no menguaban. Los más valientes decidieron irse sin importar el empaparse, mientras que los menos nos quedamos unos minutos, bastantes minutos, más.
Una mención especial para todo el staff, que tuvieron una actitud totalmente comprensiva y amable con nosotros, y quienes con mucha amabilidad y humanidad nos permitieron resguardarnos hasta que la lluvia cedió un poco, dándonos tiempo de incluso tomar una cerveza más antes de irnos, lo que dio oportunidad a que nos acercáramos con otros de los asistentes y con parte del staff mismo para platicar acerca del evento que acabábamos de ver, de otros eventos, y de conocernos un poco entre la gente que solemos ver de forma frecuente en este espacio y en otros lugares. Fue un sentimiento y un momento muy grato.
La experiencia sin duda fue una que valió toda la pena vivir, y que esperamos poder repetir pronto. Con más o menos lluvia, pero siempre con la misma energía con que las bandas de esta ocasión nos recibieron.





