
Describir la música de Hozier siempre será de las cosas más maravillosas que se puedan hacer. Es magistral, con una fuerza espiritual inmensa; la resistencia y melancolía que transmite es simplemente mágica.
Andrew John Hozier-Byrne, mejor conocido como Hozier, dio cierre a su gira “Unreal Unearth Tour” en la Ciudad de México con una noche que se sintió casi sagrada. El recinto Palacio de los Deportes estaba lleno de almas entregadas, fieles a su música, a su voz, a él.
Todo comenzó con una luz casi celestial que lo iluminaba por completo mientras interpretaba “De Selby (Part 1)”. Un fondo estrellado daba la ilusión de estar en un espacio distinto, más allá de lo terrenal. Continuó con “De Selby (Part 2)”, acompañado de proyecciones que amplificaban la fuerza desbordada de su voz. El Palacio entero coreó con una pasión difícil de olvidar.
Los visuales que acompañaron cada canción fueron un espectáculo aparte. Justo cuando parecía que nada podía superar lo visto, llegaba la siguiente canción y sorprendía con más fuerza. Ese es el poder de Hozier: transformar unas simples pantallas en una escenografía que se funde con la música y la emoción.
Acompañado de una banda completa con guitarras, teclados, coros, violín y chelo, logró un sonido sólido y envolvente. Letras políticas, nostálgicas y amorosas se unieron en un mismo lugar, hilando una noche perfecta. Con un setlist de 23 canciones, su folk llegó directo al corazón, como si se tratara de un retiro espiritual: palmas al aire, manos suspendidas y la entrega absoluta de un público que no quería que terminara.
Uno de los momentos más memorables llegó con “From Eden”. Un mar de luces iluminó el lugar, tanto que el propio Hozier no pudo evitar mencionar lo hermoso que se veía. Entre canciones, compartió palabras de agradecimiento hacia el público mexicano, que lo recibió con un amor profundo. Y cómo no amarlo, si es capaz de hacerte sentir pleno con su música; basta presenciar uno de sus conciertos para volverte parte de su universo.
Siempre he sentido una conexión especial con la música folk. Tiene algo íntimo, desgarrador, que te permite soltar, llorar y abrazar tu propia vulnerabilidad. Hozier es, precisamente, eso: un abrazo al alma.
El recorrido por su discografía fue maravilloso, tocando las canciones precisas para ofrecer una experiencia completa de todo lo que ha construido a lo largo de su carrera. Pero, sin duda, uno de los momentos más memorables fue escuchar en vivo “Take Me to Church”, la canción que le otorgó una enorme visibilidad dentro del entorno LGBTQ+ y marcó un punto clave en su trayectoria.
Lanzada en 2015, esta pieza lo impulsó al mundo con un mensaje cargado de sentimiento y una crítica directa hacia la iglesia y la homofobia. Al finalizar su interpretación, Hozier salió con una bandera de la comunidad LGBTQ+, reafirmando ese apoyo fiel que lo caracteriza.
Casi al final del concierto, Andrew se acercó más a sus fans, subiendo a una plataforma solo con su guitarra. En ese momento, se creó una unión casi mágica: luces encendidas y “Cherry Wine” de fondo. El cierre se acercaba, pero aún quedaban emociones por vivir. Siguió con un cover de D’Angelo, “Feel Like Makin’ Love”, y culminó con “Work Song”, una despedida que se sintió como un suspiro colectivo.
Un concierto único y un cierre de gira fenomenal, de esos que dejan huella y se guardan en el corazón con la esperanza de volver a vivirlos. Esperamos su pronto regreso a México, para volver a cantar con fuerza y recordar por qué su música nos toca de la forma en que lo hace.
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