
Qué buena noche que se vivió en el 907 Novecientosiete este pasado 29 de abril. Las bandas Dirty Sound Magnet, Mother’s Cake, y Little Swine se encargaron de recordarle a Guadalajara que el Rock está más vivo que nunca.
En el mero corazón de la capital Jaliscience, el Centro Cultural 907 Novecientosiete fue el recinto encargado de recibir a los suizos Dirty Sound Magnet en su gira de 10 conciertos por tierras mexicanas, y, en el caso de Guadalajara, se contó con invitados de excelencia, ya que los austriacos Mother’s Cake y los oriundos de Zapotlanejo Little Swine, se sumaron a la velada.
La cita fue a las 19:30 horas, hora que se veía venir con prontitud, ya que, sin previo aviso, las filas de asistentes comenzaron a desbordar la entrada del 907 Novecientosiete, gente que se ponía cada vez más ansiosa porque podían ver tarde su entrada para ver a Little Swine, quienes por suerte comenzaron un par de minutos después de lo confirmado, dejando que sus fans entraran sin mayor problema al recinto y escucharan su set completo, lleno de solos de guitarra legendarios, actitud extremadamente amigable e invitativa, y energía inmensa, acompañada de una épica setentera que va desde los shredding solos hasta las Monster ballads, pasando por uno que otro ritmo de blues erótico, de esos que te hacen bailar lento mientras agarras tu cerveza, terminando su set a las 20:30 horas.
Después de Little Swine, tocó dar su debut en México a Mother’s Cake, quienes llegaron a Guadalajara directos desde su gira europea, y que se les unen a Dirty Sound Magnet por el resto de su gira en México. La banda sale a las 20:40 horas, y como si no hubiera tiempo que perder, comienzan a tocar de lleno, con sintetizadores potentes y líneas de bajo y batería híper-repetitivas, lo que sumado a los ritmos psicodélicos y jazzeros de las guitarras y al calor que emanaba desde la audiencia que ya comenzaba a bailar en su lugar, hacía parecer que te encontrabas en un sueño de fiebre, el soundtrack perfecto para una escena de persecución de un sueño lúcido, en un cuarto oscuro con pisos pegajosos. Headbangers, breakdowns melódicos, slaps de bajo, un break de sintetizadores que envuelven a un par de guitarras funk, y una voz desgarradora gritando blues cruento. Sin duda alguna, una presentación que valió la pena cada gota de sudor de cada uno de los presentes en su intenso set de 50 minutos.
Diez minutos después de haber concluído Mother’s Cake, diez antes de las diez, salen a escena los estelares, Dirty Sound Magnet, desde Suiza, y habiendo pasado ya por cuatro fechas más en este tour en México, y con 5 más adelante, para dar cátedra de cómo es que uno hace buen blues, rock psicodélico, y rock and roll, y de todo lo demás que uno puede hacer cuando es capaz de hacerlo y quiere hacerlo, y es que, las dos horas que estuvieron en escena, fueron dos horas completamente llenas de música, de baile, de bajos, de baterías, de slides de guitarra, de moduladores de voz, y de todo lo demás que quisieron hacer, y que fue bien hecho.
Si bien Little Swine dio fé de guitarras épicas, y Mother’s Cake puso loops infinitos de bajo y batería, Dirty Sound Magnet llegaron a tomar ambos aspectos, sumarle un chorro de arpegios, solos de bajo, teatralidad, drama, tamborazos estridentes y una atmósfera que transitaba entre lo mundano de un bar de blues a lo frío y oscuro del cielo estrellado, para tomar tus últimas dos horas del día, literalmente de poco antes de las diez de la noche hasta la media noche de un martes, y entregarte una experiencia única y muy seguramente irrepetible.
Y es que, los de Dirty Sound Magnet saben lo que tienen y lo que quieren, y no tienen miedo de hacerlo. Desde que los platillos se caigan de lo fuerte que los golpeas y que el bajo haga callar a la gente que no deja de gritar, para después hacerlos gritar de nuevo, hasta usar la clásica “Smoke on the Water” para hacer puente entre dos canciones y terminar extendiendo una canción que en su versión de estudio es de poco más de 4 minutos, a una versión en vivo de más de 15 minutos, y que la producción tenga que apresurarte para terminar de tocar porque claramente ya excediste el tiempo permitido, pero aún así regresar para hacer un doble encore. Si venías con prisa a verlos, este no fue el lugar ni el momento.
Es verdad, lo que pasó este martes en el 907 Novecientosiete con estas tres bandas no tiene igual. Con mucho gusto volvemos a ver a cualquiera de estas tres bandas cuando vuelvan a la ciudad, o donde sea que tengamos la oportunidad de volver a encontrarnos con ellos.
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