
El pasado 6 de diciembre la Hacienda Susulá en Mérida, Yucatán fue sede de una noche que reunió a diferentes generaciones, mismas que disfrutaron de la vanguardia musical nacional e internacional.
Con un atardecer imponente y un escenario que ofreció una experiencia 360 al público, inicio Wybetterflytomas música que sin duda fue una gran antesala para lo que se esperaba del festival.
La tarde continuó con el glamour y la elegancia sonora de Disco Bahía. Con Pablo, María, Luisber y Tongo sobre el escenario, la banda originaria de León, Guanajuato, logró una conexión inmediata con el público, llevándolo de lleno a ese estado funk que propusieron desde la primera canción.
Temas como Paradisco, Bahía y Pacífico fueron coreados con entusiasmo, en un set que se disfrutó de principio a fin. Uno de los momentos más memorables llegó cuando María bajó del escenario para integrarse al público, cantando y dejándose llevar junto a cada espectador y espectadora, rompiendo por completo la barrera entre artista y audiencia.
El funk siguió presente con Chusi DJ, quien además regaló un momento especial al invitar al escenario a Berni, vocalista de Glass Cristina, proyecto musical yucateco. Juntos interpretaron Cinematográfico, en un cruce de talento local que fue celebrado por el público.
Más tarde, Víctor Cárdenas se apoderó del escenario, recibiendo una respuesta cálida y entusiasta, siendo Mérida la sede final de su gira por México.
Uno de los momentos más esperados de la noche llegó con Neil Frances, el dúo conformado por Jordan Feller y Marc Gilfry. En formato DJ set, lograron capturar la esencia del pop y la música dance que se vive en Los Ángeles. Canciones como Teardrops, Dumb Love y el icónico remix de Music Sounds Better With You marcaron uno de los puntos más altos del festival, convirtiendo la pista en una celebración colectiva.
Colombia se hizo presente con Ovy On The Drums, proyecto de Daniel Echeverría Oviedo, quien dejó claro que esta noche reunía generaciones, sonidos y géneros. El reggaetón encontró su lugar dentro de la narrativa musical del festival, y el público respondió bailando y disfrutando cada mezcla.
En punto de la medianoche, Guillaume y Jonathan Alric se colocaron frente a frente para darle vida a The Blaze. Con máquinas de drums, sintetizadores y voces envolventes, el dúo francés llevó al público a un estado casi místico. Territory, Eyes, Queen of Dust y Runaway fueron coreadas con una intensidad que confirmó por qué México y particularmente Mérida es una casa natural para su música.
The Blaze no solo cerró una noche redonda en la Hacienda Susulá, también reafirmó esa conexión emocional que solo se logra cuando la electrónica se siente más allá de la pista de baile.
Para culminar, Karlo fue el encargado de extender la energía hasta el final, dejando a los asistentes con la sensación de querer seguir la noche un poco más, preguntándose una vez más por qué la música tiene la capacidad de mover tanto en nuestro ser.
Destino Dos Equis fue, sin duda, un recorrido por emociones, momentos y géneros que demostraron que la música va más allá de etiquetas, instrumentos o fronteras. Una noche donde todo habló el mismo idioma.





