
El pasado 23 de mayo en el Foro Indie Rocks de la CDMX, la noche se convirtió en una celebración doble: por un lado, el caos característico del punk en vivo; por el otro, el décimo aniversario de Vulgar Dulce Hogar, el disco que consolidó a De Nalgas como una de las propuestas más ácidas, irreverentes y frontalmente críticas de la escena nacional.
Con un público completamente entregado al slam, la banda armó un recorrido brutal por su repertorio más ácido y contestatario, donde no faltaron los momentos de crowdsurfing, los gritos colectivos y ese humor negro que atraviesa cada una de sus letras.
Desde temprano, el ambiente se fue calentando con dos actos que prepararon el terreno para lo que sería una descarga sin pausa. Primero apareció Los Invertebrados, con un set directo, sin adornos, construido a base de riffs crudos, velocidad y una actitud de confrontación inmediata. Su presentación funcionó como una sacudida inicial: corta, intensa y efectiva, de esas que dejan al público listo para el tiro de gracia.
Después fue el turno de The Supuestos, quienes aportaron un matiz distinto dentro de la misma energía general. Con un sonido más inclinado hacia lo alternativo pero sin perder la urgencia punk, lograron conectar rápidamente con el público, sumando movimiento, gritos y una transición natural hacia un ambiente que ya pedía a gritos explotar en el Indie Rocks.
Cuando De Nalgas tomó el escenario, el Foro Indie Rocks ya estaba en punto de ebullición. Desde los primeros acordes, el lugar se transformó en un campo de liberación colectiva: slams constantes, cuerpos volando en crowdsurfing y una audiencia que respondía a cada frase como si fuera un manifiesto compartido. La banda no bajó el ritmo en ningún momento, sosteniendo una intensidad que combinó humor negro, crítica social y una energía completamente desbordada.
La noche también tuvo un peso simbólico especial al girar alrededor de Vulgar Dulce Hogar, que en su décimo aniversario volvió a resonar como un disco clave del punk mexicano: ironía, rabia y una lectura directa —y ácida— de lo cotidiano. No fue una celebración solemne, sino fiel al lenguaje de la banda: ruido, sátira y confrontación en medio de una fiesta caótica.
El setlist fue una sucesión de impactos sin respiro, con temas emblemáticos como “89”, “Pare de sufrir, pare de mamar”, “Promesas y perdones”, “Punk Distroy”, “Desobedece el orden”, “Vergaviota”, “Con dinero baila el perro” y el cierre definitivo con “Llueven los vergazos”. Cada canción detonó nuevos pogos, empujones y olas de movimiento en el público. Y no estoy seguro, pero creo que dentro del cierre… que fue tan intenso, “Llueven los vergazos” tuvo repetición.





