Ben Böhmer en el Pepsi Center: soñar despierto siempre fue posible

Foto: OCESA / Pablo Deyta

El productor alemán desplegó su tercer álbum en un show que combinó live electronics, un invitado vocal en escena y una producción visual que convirtió el recinto en algo parecido a un sueño lúcido. Luttrell abrió el camino.

El prólogo — Luttrell

ntes de que Ben Böhmer tomara su lugar, Eric Luttrell ya había establecido las reglas de la noche. Casi hora y media de un set que no existía para calentar motores, sino para trazar coordenadas. Quien conoce la trayectoria de este productor de San Francisco sabe que detrás de «Luttrell» hay una historia más larga: la de uno de los fundadores de The M Machine, el trío que a principios de la década pasada mezcló el indie rock con la electrónica antes de que eso fuera tendencia.

En solitario, Luttrell encontró su casa en Anjunadeep y con ella un lenguaje propio: melodic house y techno con texturas orgánicas, beats que no aplanan sino que envuelven. El viernes demostró que ese lenguaje se expande. Abrió con Higness de Tube & Berger —deep, berlinesamente groovy, un clásico de peso como punto de partida— y de ahí construyó un set genuinamente multicolor: dance, electropop, tech house y melodic techno convivieron sin que nada sonara forzado. Metió Attenuator de Sam Shure, tocó LOVE, su propio lanzamiento bajo Anjunadeep, y lo hizo todo desde las CDJs con el control preciso de quien sabe exactamente cuándo soltar y cuándo retener.

El dato de contexto que no pasa desapercibido: su EP NextStop —cuatro cortes de electrónica directa— había salido apenas diez días antes, el 15 de abril. El Pepsi Center fue uno de sus primeros escenarios con ese material fresco. Luttrell no llegó como trámite; llegó como artista. Y casi al final de su set lo confirmó de otra manera: un fan desde el público le extendió un vinilo para que lo firmara, y Luttrell se acercó al borde del escenario para cumplir con el detalle. Un gesto pequeño que dijo más sobre su relación con la música y con quien la escucha que cualquier declaración en redes.

«Un set de apertura que no pide permiso: la profundidad no es un recurso estético, es la promesa de algo que está por llegar.»

El vínculo

Que Luttrell y Böhmer compartan cartel no es un accidente de programación. Los dos han cruzado sus mundos antes: Gibberish con Margret, lanzada bajo el sello Anjuna, es prueba de que entre ambos existe una afinidad estética real. La noche del viernes se sentía, en ese sentido, como una conversación entre dos productores que se conocen bien, aunque cada uno hablara en su propio idioma.

El acto principal — Ben Böhmer

Bloom, el tercer álbum de estudio de Böhmer, llegó en septiembre de 2024 a través de Ninja Tune —un cambio de sello respecto a Anjunadeep que habla de una ambición más amplia— y desde entonces ha sido el centro de su propuesta en vivo. El viernes en el Pepsi Center fue, en muchos sentidos, ese disco desplegado en tiempo real frente a miles de personas.

Böhmer abrió solo, al piano. Martin, del propio Bloom, llenó el recinto con una intimidad casi contradictoria para un venue de ese tamaño: un hombre, un instrumento, y el silencio expectante de una audiencia que entendió inmediatamente que esto no iba a ser un DJ set convencional. Inmediatamente algo trascendió sobre el escenario. Se trasladó al mixer y llegó Rust — y ahí el Pepsi Center entero entró al mismo pulso. Bailamos todos.

Beyond Beliefs extendió ese momento. Y entonces, sin aviso, los láseres tomaron el recinto. Böhmer presentó su remix de The Space In Between de Jan Blomqvist y con él subió al escenario Max Milner. Lo que siguió fue otra dimensión del show: cuatro canciones con el cantante británico en vivo, entre ellas Rain y One Last Call —este último uno de los primeros adelantos silenciosos de Bloom, lanzado meses antes de que el álbum existiera públicamente—, con Milner entregando cada vocal con la misma precisión emotiva que tiene en las grabaciones de estudio. Verlo en escena confirmó que la relación entre ambos artistas va mucho más allá de una colaboración de catálogo.

El set siguió construyendo capas. Breathing, coproducida con Nils Hoffmann y con la voz de Malou, fue uno de esos momentos en que la electrónica de Böhmer se acerca más a algo que podría llamarse música de cámara. Evermore —con Enfant Sauvage, el proyecto de uno de los integrantes de The Blaze— tocó fibras distintas. A Matter of Time llegó con sus ritmos de breaks reconocibles desde los primeros compases. Y Caught Up In The Fire, con JONAH, cerró una parte del set sobre una pantalla bañada en rojos y naranjas orgánicos —lava, tinta, fuego líquido— que navegó durante toda la noche por verdes y azules según el mood de cada track. La producción visual no decoraba la música: la interpretaba.

Böhmer entiende que en la música electrónica los mejores momentos no son los drops, sino los instantes previos: la tensión, el anticipo, el espacio que se llena con lo que el oyente trae consigo. Intercalar el teclado en vivo con el mixer no es un gimmick de show — es su forma de recomponer sus propias canciones cada noche, de hacer que algo ya grabado vuelva a ser una pregunta abierta.

El recinto pidió más. Böhmer volvió.

El gesto — o dos

La noche tuvo también un capítulo fuera del escenario. El día anterior, Böhmer escondió en distintos puntos de la ciudad varios vinilos de sus álbumes —Bloom, Begin Again y Breathing— con una condición: quien encontrara uno se ganaba un lugar en la lista de invitados para él y un acompañante. Un juego de búsqueda del tesoro que terminó con todos los ejemplares reclamados antes de que anocheciera.

Luttrell había tenido su propio momento análogo horas antes, con ese fan y ese vinilo extendido desde el público. Dos artistas, la misma intuición: el vinilo como objeto de comunidad, el escenario como algo que se puede, por un instante, cruzar en los dos sentidos.

El balance

Ben Böhmer sabe construir atmósferas que duran más que la noche en que ocurrieron. El Pepsi Center respondió bien: sonido limpio, producción sin estorbos, y un público entregado desde el primer beat de Luttrell. «CDMX that was a dream», escribió después el artista. Difícil no estarle de acuerdo desde este lado.

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Escucha Ben Böhmer:

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